Facebook: los cubanos, los viajes, las fotos viejas… y los CDR (I).

A Paqui, por Facebook y el Féisbuc! de El Jueves…

A Rebeca Alfonso ya en presente.

Peces de una ínsula que es naufragio, desmesura y pasión conciliadora, guardan en secreto expectativas diferentes: ella, aunque no se va, lo desea; él, que siempre se quedará, no está seguro de que el quedarse conduzca a parte alguna.

Rufo Caballero

Abrí una cuenta en Facebook uno de esos raros días en que me dedicaba a vegetar, o mejor, a no hacer nada específico -una de las pocas cosas que extraño de la Isla. He de admitir que una colega influyó bastante en esa decisión al comentar las sorpresas que le deparaba la mencionada red social al reencontrar viejos amigos y conocidos. Así que llevando en una mano un poco de nostalgia y en la otra la papelera de la cuenta de correo con las varias invitaciones a unirme a Facebook que había recibido durante meses, y en una tercera extremidad, a manera de prótesis, esa deformación latinoamericana inoculada por años de telenovelas brasileñas y colombianas que se traduce en mi ser como el gen C -chismosa, cotilla en España-, finalmente me senté frente al ordenador para crear una cuenta en Facebook (que conste que no es por fidelidad, sino por vagancia, pero no pienso aceptar invitaciones a Twitter o Hi5).

Ya algunos compatriotas han expresado de una forma u otra lo que para un cubano significa navegar por Internet y tener acceso a canales de información en apariencia heterogéneos. De modo que, como es algo sobre lo que no he reflexionado con detenimiento más allá del goce y el sentido común con el que percibo beneficios prácticos a diario, no me extenderé en este asunto e iré al grano que ha motivado este post.¹

Luego de varios meses como usuaria de Facebook -más como observadora que editora de contenidos- tengo mis propias conclusiones, para nada políticamente correctas, sobre los que como yo usamos Facebook, y sobre aquellos que suelen ser más activos en el coqueteo con la herramienta. En cualquier caso, tampoco es algo que anotaré aquí porque me interesa centrarme en el comportamiento del “Homo Cubensi” en el contexto de Facebook.

He de admitir que las mayores dichas que me ha provocado Facebook, efectivamente están relacionadas con el objetivo prístino por el cual abrí la cuenta, y que para gente como yo que se mueve entre los espacios escindidos cartografiados por la emigración y/o el exilio, posiblemente describe viajes de retorno de la memoria, reencuentros con personas que en algún momento pasado han sido parte imprescindible de tu vida. Luego se añaden posibilidades en el terreno profesional: establecer contactos, promocionar eventos, ser “amigo” de artistas e intelectuales cuya obra admiras, y un largo etcétera en el que tampoco vale la pena extenderse.

Confieso además que normalmente prefiero husmear que publicar, y en eso mantengo una conducta esencialmente pasiva. Una sesión de Facebook para mí básicamente establece ciertas rutinas en el escrutinio de la información:

1. Revisar y responder los mensajes que han dejado en mi muro (normalmente pocos, ello tal vez describe mi carácter pseudo-asocial).

2. Ver las recomendaciones de gente que quizás conozco para incluir “amigos”.

3. Leer las publicaciones más recientes de otros reseñadas en mi página de inicio.

4. Por último, el momento que más disfruto, ver las nuevas fotos publicadas a las que también tengo acceso desde mi página de inicio.

Es esa cuarta fase en la que me regodeo y con la cual comprendo el vicio de Facebook. A través de ella creo entender qué significados puede detentar el ser cubanos y usar Facebook, más allá de cuestiones generacionales, niveles culturales, ideologías, etc. Es esa posibilidad de sobre-exposición de lo privado, a la cual hemos estado sometidos de forma obligatoria durante décadas, que brinda la publicación de imágenes en Facebook, la que más atrae mi atención y a la vez me devuelve la mirada antropológica en torno a cómo actuamos hoy, nuestros gestos de afirmación y resistencia en un espacio que prolonga el contexto sociológico de la Cuba actual.

Si revisáramos los álbumes de fotos de nuestros amigos cubanos, podríamos encontrar coincidencias temáticas que tal vez funcionan por azar o por respuestas condicionadas a las fotos subidas previamente por otros: para la gente de mi generación (nacidos en los años 70), fotografías de los hijos, reencuentros familiares o con amigos -tras años de dolor y separación-; imágenes de los viajes de regreso a la Isla, a otros países; escenas costumbristas de la vida que llevamos fuera de Cuba, casi nunca falta la de un grupo de amigos sentados alrededor de una mesa degustando una opípara comida; si han estudiado Historia del Arte, indefectiblemente encontraremos fotografías frente a algún museo paradigmático en París, Madrid, New York, en el DF, o si son artistas las imágenes de las exposiciones y obras más recientes; algún parque de atracciones se cuela subrepticiamente en el albúm como redención de la infancia que nos fue escamoteada en las desvencijadas ruinas del Parque Lenin, y la presencia oral de los fantasmas de Jalisco Park o Coney Island, como sucedáneos de leyendas urbanas; obviamente el mar como paisaje fundamental en nuestro imaginario geográfico, o la visión del campo cubano a la que retornamos con espíritu bucólico -no ya desde el odio de la adolescencia enclaustrada en un IPUEC, Instituto Preuniversitario en el Campo.²

¿Cuándo me percaté de que las fotos que compartimos son un vínculo insoslayable entre los cubanos que usamos Facebook?

El 9 de enero de 2009. En el próximo post del blog explico con más detalles esta idea…

CONTINUARÁ…

Notas:

1 Véase el post “Entre el altruismo y la desconfianza” en el blog La china fuera de la CAJA, de Lien Carrazana.

2 Sobre mis traumáticas experiencias y la inutilidad de la etapa vivida en el IPUEC URSS, actual Rolando Pérez Quintosa, en el poblado habanero de Alquízar, regresaré en otro post de este blog, como acto de catarsis sobre los que hasta la fecha considero los años más terribles de mi exigua biografía y la confirmación de uno de los errores más rotundos del sistema educativo cubano. Algo refería al respecto Yoani Sánchez en Generación Y en el post “A solas” y recientemente aparecía el artículo “De vuelta al asfalto” en Cubaencuentro.

1 Comment

  1. Suset

    Supongo que seas la misma que estudió con Yanelis Berovides, con Daymi la chiqui. Estoy en Facebook, trataré de buscarte. Alli también estamos varios del pre. Me alegra encontrarte.

    Un beso desde Santa Fe.

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