Facebook: los cubanos, los viajes, las fotos viejas… y los CDR (II).

Suspiro por las regiones

donde vuelan los alciones

sobre el mar,

y el soplo helado del viento

parece en su movimiento

sollozar;

donde la nieve que baja

del firmamento, amortaja

el verdor

de los campos olorosos

y de ríos caudalosos

el rumor;

donde ostenta siempre el cielo,

a través del aéreo velo,

color gris;

es más hermosa la luna

y cada estrella más que una

flor de lis.

Fragmento del poema Nostalgias,

Julián del Casal.

El viernes 9 de enero de 2009 nevó en Madrid. Desde 2002 que ando dando tumbos por esta ciudad, no la había visto atrapada en el blanco. Cuando ocurren ciertos eventos que significan un soplo de novedad en la vida de los cubanos que vivimos aquí y formamos parte de la diáspora asentada en esta península, se suceden las llamadas telefónicas y los mensajes de móviles. Recuerdo que algo parecido pasó en julio de 2006 cuando un “Castro pasó a otro Castro el poder”. Ambas noticias, la nieve y la “pseudo-retirada”, el mismo efecto: extrañamiento y alegría.

En enero todavía era bastante novata en facebook, pero esa noche, pasados los juegos en la nieve, ya frente a la pantalla del ordenador tuve la sensación de no escapar a la naturaleza “ilusionante” del cubano de estos tiempos, para el que una nevada más allá de ser un acontecimiento natural, deviene una metáfora de libertad, un signo de haber logrado burlar “la maldita circunstancia del agua por todas partes” y el bochornoso trópico: viajar, escapar, realizar un sueño, resucitar el romanticismo decimonónico en el gesto de la ida.

Facebook se plagó de imágenes de la espectacular nevada, y en mi página de inicio, uno tras otros  iban apareciendo los avisos de las nuevas publicaciones de mis amigos, de modo que pude seguir desde el sofá de casa la mirada de los que como yo ese día despertamos con el olor de lo inusitado pegado a los cristales de las ventanas. El Parque del Retiro, la Plaza Tirso de Molina, el Parque de Las Ventillas, El Palacio Real, Matadero, el Paseo de la Castellana… un sinfín de lugares comunes redescubiertos en otros paisajes y a través de los ojos de otra gente. Como también de comunes nuestras reacciones: hacer el ángel con brazos y piernas tumbados de espaldas sobre la nieve, un gesto que hizo emerger el sentido cursi de las comedias románticas y nos trajo los recuerdos de tantas películas ligeras de tardes de domingo; para muchos modelar su primer muñeco de nieve, cuyas formas deban crédito de la inexperiencia en el manejo del gélido material; librar una batalla de bolas de nieves, probar con la punta de la lengua unos copos, o simplemente dejar la huella del zapato o escribir un nombre propio sobre el banco escarchado… En definitiva, todas esas acciones y momentos en que desvelamos el párvulo oculto o la cursilería de la que no podemos librarnos a pesar de tantas poses sacras y momentos hieráticos que escriben la mayor parte de nuestra biografía habitual.

En Facebook entonces nos encontramos en otra dimensión, un estado virtual y paralelo donde no existe el sentido del ridículo, donde nuestros pudores regulares y la conciencia de una coerción impuesta y auto-asumida desaparecen. Donde la vigilia perenne sobre nuestra intimidad echa el cierre y se larga por ahí de vacaciones, a ser posible bien lejos, desterrada de los predios de la mesura y la prudencia. Donde la paranoia genética del “Homo Cubensi” post-revolucionario respecto a la vigilancia instituida formal o informalmente es purgada mediante el exorcismo  de la sobre-exposición. Un sitio donde a veces nos descuidamos y los reparos que ponemos para abrir las puertas de nuestras casas son sustituidos por la bienvenida a un nuevo “amigo” totalmente desconocido, al cual damos libre acceso a nuestras habitaciones, sentamos a nuestro lado en la cama e invitamos a un café mientras compartimos las fotos que relatan nuestras vidas.

Así que en Facebook todos somos vecinos, nos colamos en la casa de otros, husmeamos sus intimidades a la vez que damos acceso a las propias, compartimos una caldoza en la fiestas de ese gigantesco CDR donde cohabitamos y casi copulamos los de dentro y fuera, los que son pero no están o están pero no son, los que sí… pero no… Parece que en el ciberespacio las cosas se olvidan más rápido o duelen menos, que la tolerancia es una buena práctica teñida de frivolidad.

La ficción -porque todavía para muchos esta sensación de “libertad” a medias se nos antoja un sueño- se ha entronizado y designa la narración de nuestras vidas en Facebook, como un cuento en el que miles de caperucitas han tirado la capucha roja y han burlado al lobo feroz. Quizás por eso no nos importa exhibirnos, fanfarronear sobre nuestros viajes, especular (en el sentido cubano, para los que no lo entiendan remito a la canción De La Habana de Paulo FG¹)… que lo sepan todos, más allá de credos o ideologías, si nos observan porque nos quieren bien o nos quieren mal, que hemos devenido viajeros, y las cámaras digitales la herramienta idónea para construir el relato del viaje.

La figura misma del viaje es la reina de la nueva subjetividad cultural: el viaje resulta el espacio carnavalesco por excelencia, espacio de la redención, suspensión de la atadura, deseo eventualmente realizado, mutación en vida, transitoriedad retratada, transterritorialidad probada; no estoy en el destino, tampoco en la partida, no estoy en este punto ya, estoy en el viaje, dimensión otra, excepción de la vida que parece invención de la cultura, el viaje es la variable que me aparta del orden sin tener que violentarlo física o totalmente; que me lleva a escabullirme, un rato al menos, de la Historia. Cuando viajo estoy en la vida, y menos en la Historia; podré estar en la historia si el señor que me escruta por encima del periódico desea relatar, si la ventanilla se baja demasiado, si muero en el viaje, quizá. El viaje me eleva mientras la estancia me deposita. Cuando llegue a puerto seguro la vida continuará como historia, el carnaval habrá concluido.²

Qué mejor declaración de resistencia que las fotografías de los viajes, imágenes que condensan el imaginario libertario y la utopía realizada. Fotos publicadas en un espacio a sabiendas observado, en el que te pueden mirar mas no te pueden tocar.

1 Texto de la canción: http://www.timba.com/artists/paulitofg/index.asp?page=de_la_habana.htm

Vídeo de la canción: http://www.youtube.com/watch?v=ULmj3z_sqFg (aquí para una visión  más bucólica).

http://www.youtube.com/watch?v=-5QVqSczB_M&feature=related (con el temporizador hacia el minuto 6′ se podrá tener    una idea más gráfica del sentido del término “especulación” en Cuba).

2 Rufo Caballero. “Allí (El espacio en el arte cubano contemporáneo)” en revista ArteCubano, La Habana, No.2, 2001.

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