El entierro de las consignas, de Rubens Riol

Estamos ante una escritura que bascula entre el riguroso ejercicio historiográfico y la responsabilidad política de la crítica de arte. Rubes Riol sitúa el análisis de los textos artísticos en un contexto histórico; e interpela a través de ellos una realidad social compleja que ha dejado huérfana de utopías a esa joven generación a la que pertenece el crítico. El tono de estas páginas varía en dependencia de la cercanía del autor al objeto de su mirada, tornándose íntimo en aquellos casos donde la propia biografía del crítico revela las situaciones en las que emerge el gesto de interpretar la experiencia del arte, como sucede con esa visión agónica de La Habana Vieja en la reseña dedicada a los vídeos del artista Javier Castro.

La voz del crítico en primera persona advierte de su posicionamiento y confrontación, como una suerte de firma y compromiso. Rubens se hace cargo de lo que escribe, de sus opiniones, asume las consecuencias del ejercicio del criterio y la ductilidad de su estilística en dependencia del medio en que colabora; se desplaza con elegancia e ironía, como una dandy, entre la poética réplica de lo visual y la crudeza  descarnada de la cirugía y la escatología verbal.

De hecho, algunos de los pasajes más sugerentes de este volumen se encuentran en aquellos artículos que han aparecido originalmente en Sin anestesia, el blog de Riol. Quizás, reside ahí una velada advertencia sobre la urgencia de recuperar las voces de la crítica en tiempos de blogers, y por ello varios textos se dedican a la obra de otros críticos cubanos y a la incapacidad y gerontocracia del campo del arte contemporáneo para gestionar la pluralidad y emergencia de nuevas generaciones de críticos. En cualquier caso, la suya es una escritura atravesada por la subjetividad y aquellas cuestiones que entran al pensamiento sobre el arte como refracción de los debates públicos que construyen la sociedad civil y friccionan al estado, las instituciones  y el mercado.

En estas páginas, el estatus vapuleado de la crítica de arte de entre los siglos XX-XXI se convierte en algo anecdótico. Aquí el crítico recupera su voz, como un grito que intenta re-situar algunas de las funciones sociales de la crítica cultural. Ante estas páginas me quedo con la sencilla elocuencia de una cita utilizada por Rubens Riol en este primer monográfico, aludiendo a Rufo Caballero, maestro del género escritural que se convoca en este libro: “No sabes la enorme tranquilidad que me da leer la sabiduría y la destreza de la gente que viene detrás, con un empuje que mete placer en lugar de miedo”.

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