Réplica de Isidro Tascón llega a Galicia. La exposición podrá visitarse hasta junio en el Centro Municipal José Ángel Valente, Ourense

La primera vez que Isidro Tascón me habló de la serie Réplica estaba un poco prejuiciada ante la idea de que un artista extranjero hubiese realizado otro proyecto fotográfico en Cuba. Esta dinámica de la “mirada ajena” se encuentra en la génesis de la imagen sobre la isla, el Caribe y América Latina construida en Europa durante varios siglos a través de los libros de viajeros, el grabado y posteriormente la fotografía, que adaptaron la realidad insular al deseo y la imaginación colonial. Los años recientes han llevado a la Isla cientos de miradas foráneas que han intentado desvelar la imagen de un paisaje social inmerso en una ambivalente y demorada transición. Utopía y realidad, nostalgia y seducción, turismo y neocolonización, son binomios en los que se ha basado la recuperación de la imagen de la Mayor de las Antillas; en un escenario geopolítico complejo para el que Cuba es un símbolo del pasado, un vestigio de los tiempos de la Guerra Fría. Desde la mediática visita de Barack Obama, La Habana se ha convertido en un set de rodaje para la industria de Hollywood. La ciudad, golpeada por el tiempo, la desidia y la incompetencia de un régimen político abotargado en su propia senectud, resurgía de sus ruinas para convertirse en locación de reality shows con las Kardashian, videoclips de Enrique Iglesias, Los del Río o Marc Anthony, entre muchos otros; filmes como Fast & Furious 8 o conciertos míticos de rock como el de Rolling Stones; en pasarela de moda de Chanel, decorado para Instagram, etc. Los habitantes de la ciudad se convirtieron en el público fascinado que veía desfilar por sus depauperadas calles a personajes mediáticos, actores famosos y divas del pop tales como Madonna, Rihanna o Beyonce; mientras ofrecían la posibilidad de tener hordas de extras entusiasmados, gratis o a precio de saldo, en cada filmación.

La primera sorpresa que encierra Réplica es que evade precisamente esa visión eufórica y romántica de la ciudad caribeña que milita estoica a ritmo de reguetón y ron. Isidro Tascón desplaza su mirada hacia contextos rurales muchas veces desconocidos para los propios cubanos. Lugares extraviados y olvidados en los que la vida transcurre con un ritmo diferente, en una suerte de realidad paralela marcada por los ciclos del trabajo en el campo. Espacios donde las dinámicas de gentrificación del turismo no han invadido la cotidianidad de la gente y donde la presencia de un extranjero con una cámara, lejos de convertirse inmediatamente en una oportunidad de subsistencia y en un proceso de intercambio comercial, todavía conserva el aura de una situación de extrañamiento antropológico donde se establece una negociación entre sujetos que son conscientes de sus diferencias. También el proyecto de Isidro Tascón difiere en el sentido de mesura que dimana de sus fotografías y donde se intuye la presencia respetuosa de quien observa atentamente y decide apretar el obturador tras un reposado y analítico tiempo de espera.

Si en trabajos anteriores del artista emergía en las fotografías la huella de la arquitectura en tanto lenguaje heroico de la modernidad occidental para la representación del poder; aquí lo arquitectónico se observa como gramática de lo popular, de una capacidad de resistencia que atraviesa el tiempo. La arquitectura abarca la totalidad de la imagen en la que el cuerpo deviene en ausencia dentro de la composición fotográfica. Sin embargo, tanto por la escala como por el carácter sensible, orgánico y dialógico de estas fotos, somos conscientes de que esa arquitectura pobre, elemental, estructurada en su mínima expresión -como el dibujo de un niño-, denota una relación indisoluble con el cuerpo de aquellos que la construyeron para habitarla, y que han depositado en esa morada su historia de vida, el sentido de pertenencia a un lugar y los afectos de la familia.

A priori, para algunos las fotografías de la serie Réplica revivirán los recuerdos de un imaginario articulado en la colonialidad epistémica que definió la construcción visual de las Américas. Para otros, rememorará las dinámicas del turismo y del viaje exótico como condición contemporánea en un mundo globalizado. En mi caso particular, me retrotraen a la infancia, a la casa de mis abuelos paternos en un recóndito pueblo del oriente cubano. Pero estas fotos adquieren sus significados también en su puesta en circulación, de modo que verlas ahora en Orense conlleva evocar la memoria de la emigración gallega que llegó a los campos cubanos, en muchos casos escapando de la guerra, para encontrar cobijo en estos bohíos rústicos edificados junto al terreno que cultivaban en régimen de arriendo. Las fotografías de Isidro Tascón replican así un viaje de ida y vuelta, las imágenes se convierten en memoria viva, testimonio, huella documental; reconstruyen las historias mínimas de esas vidas en tránsito, convocan las voces perdidas en el tiempo silencioso y tranquilo del campo cubano.

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