2005_Víctor Vázquez

Historias nómadas de un cuerpo híbrido y subversivo.

Cuerpo que atrae cuerpo. Cuerpo que rechaza cuerpo.

Un cuerpo a cuerpo.

Cuerpo que se desplaza, que transita, que enajena.

Cuerpo que distribuye cuerpos, que sospecha, que contempla.

Cuerpos que se depositan, que se controlan, que se agreden.

Cuerpos que inhiben cuerpos, que enajenan cuerpos, que se desconocen.

Cuerpo que necesita cuerpos.

Cuerpos que desean cuerpos, que cazan cuerpos, que atraviesan cuerpos.

Víctor Vázquez.

El arte producido en el Caribe está plagado de imágenes alusivas a fenómenos migratorios de diversa índole, tanto por sus motivaciones como por las circunstancias del viaje. Ese imaginario utópico asociado al desplazamiento geográfico como signo caribeño (obviamente, no reducido a ese espacio) es redimensionado en contextos insulares como República Dominicana, Haití, Cuba o Puerto Rico, teniendo cada uno características específicas generadas a partir de condicionamientos históricos divergentes y marcadas particularidades políticas.

Precisamente Un cuerpo a cuerpo (dislocación – encuentro – desplazamiento), uno de los más recientes proyectos de Víctor Vázquez (producido en París), entronca con esa vocación simbólica que deconstruye los relatos escapistas que yacen tras la existencia del sujeto que emigra. La metamorfosis del cuerpo de ese individuo, transformado entonces en “inmigrante”, provocada por la adaptación de la memoria a un paisaje de batallas desconocidas, es analizada por este artista con la perspectiva minuciosa del criminalista, del que reconoce tras un elemental derecho humano la presencia sospechosa de un “delito”.

La poética de Víctor Vázquez, empeñada en desentrañar las claves identitarias que envuelven al hombre según sus nexos culturales, religiosos, ideológicos y sentimentales, ora a través de metáforas que condensan el repertorio de la fe, ora según la visión simbólica de la historia, necesariamente no ha podido estar ajena a la condición colonial puertorriqueña. Justamente, ese detalle que enreda la historicidad insular en los repertorios espaciales impuestos por Estados Unidos, cualifica la reflexión sobre las migraciones realizada por un artista de Puerto Rico. La ambivalencia que en la narración de una historia propia implica el reconocer el dominio de los Estados Unidos, desvela al mismo tiempo las ventajas pragmáticas que en el terreno de un mundo globalizado acarrea el simple hecho burocrático de poseer un pasaporte norteamericano. Sin embargo, la realidad excede los contratos sociales: el puertorriqueño que emigra, no deja de ser latino, intruso, diferente. La agonía prístina que para muchos constituye el hecho inicial de trasponer fronteras, es redimensionada cuando se constata la hipocresía colonial, pues no se poseen los mismos derechos porque las marcas culturales acrecientan las diferencias.

Víctor Vázquez. "A Body to Body". 2006. Lambda Print Diptych. 40'' x 40'' each. Imagen cortesía del artista.

Aunque no se agote en la reflexión sobre el ser puertorriqueño, Un cuerpo a cuerpo plantea un diálogo íntimo sobre el sentido de la identidad en una nación impregnada de una historia adversa. La persistencia del estatuto colonial en el siglo XXI borinqueño, indiscutiblemente mantiene reverberante un debate político sobre el deber ser del ciudadano puertorriqueño, y un incurso moral y ético aunado a la resistencia. Sin embargo, estas fotografías de Vázquez, que no desconocen el trauma insular histórico, representan un sosegado sentimiento de tolerancia que pudiera llamar la atención sobre el reconocimiento cultural mutuo de quienes habitan un espacio que no se restringe a un conflicto de polaridades políticas. Dos cuerpos enfrentados, amén de ideologías, siguen siendo puertorriqueños; seguramente, hay muchas cosas que unen a esos cuerpos, y tan sólo unas pocas los separan. ¿Por qué alimentar con el desencuentro la tragedia de la nación?

No obstante, circunscribir los alcances de un proyecto como Un cuerpo a cuerpo a los márgenes de un discurso nacionalista, limitaría el signo universal de un fenómeno tan dramático como lírico. De hecho, apelar a la construcción de una geografía humana en la que el cuerpo es la única frontera, el límite imperecedero, el margen penetrable y difuminable, se convierte en una apología heterotópica que entroniza la subversión de los discursos oficiales como lógica por excelencia. Justamente, los cambios que día tras día se verifican en las ciudades contemporáneas (resultado de la confluencia de nuevos rostros, costumbres, tradiciones, modas, conductas…, que trae consigo la figura del inmigrante) dinamitan el estado vegetativo de las historias continentales de Occidente. La década de los noventa ha sido el testigo fiel y asombrado de las mutaciones perfiladas en las ciudades europeas, a las que han llegado masas indefinibles de personas provenientes de Asia, Medio Oriente, África, América Latina y Europa del Este. La presencia multicultural de esas subjetividades está deconstruyendo una historia eurocéntrica fomentada a través del trayecto inverso que trazaron los episodios coloniales sucedidos continuamente hasta el siglo XX.

Víctor Vázquez. "Transeúntes". 2006. Lambda Print Diptych. 48'' x 48'' each. Imagen cortesía del artista.

Víctor Vázquez explora el rostro mestizo y poscolonial que cada vez se deja ver más por esas ciudades, buscando las huellas borrosas de identidades que se trastrocan en la multitud de transeúntes que deambulan por las plazas, ahora encontrados en un saludo, en otra ocasión sospechando de la apariencia extraña del otro, por el color de su piel o por el idioma ininteligible. Sin embargo, esas caras van perdiendo a ratos sus señales evidentes de identidad, los vestigios de una nacionalidad y de otras tantas construcciones geopolíticas limítrofes dictadas por las convenciones de un discurso taxonómico del poder, fomentado en siglos de coerción cultural y repartición arbitraria de las fronteras.

La tensión que se genera del encuentro de esas múltiples subjetividades en los espacios urbanos del “Primer Mundo” pareciera estar mostrando una particular evolución de la dinámica cultural a la que están sometidos los “no lugares” descritos por Marc Augé. El anonimato de la identidad, la certidumbre sobre el tránsito que muchas veces acompaña   a la existencia del inmigrante, la no definición precisa de un espacio antropológico que sienta sus normas conductuales, se han convertido en los signos de ciudades cosmopolitas como París, Madrid, Londres, Berlín… A cada momento resulta posible distinguir en la realidad  un conjunto de prácticas resumidas en el acto de emigrar y de existir como inmigrante, que contribuye a dinamitar las normas que sostienen un orden cultural determinado por los discursos eurocéntricos y occidentales.

Un cuerpo a cuerpo perfila la genealogía de una búsqueda que deja a un lado todas aquellas nomenclaturas y convenciones definidas a partir de la diferencia. Al final, las imágenes de Víctor Vázquez parecen gritar, irreverentes, desde una condición humana que late incluso en aquellos instantes en los que la ideología pudiera agonizar. Ser puertorriqueño, nigeriano o rumano, está más allá de un documento de identidad. Ser ecuatoriano, colombiano, camerunés, ruso o chino, puede ser una construcción nacionalista que amordaza y ahoga un alarido rebelde que trata de desprenderse de los límites territoriales en tanto norma de evaluación sobre el sujeto. La nacionalidad, la identidad, también pueden ser el traje que vistes o del que te despojas para dejar desnudo el cuerpo. Cuando eso sucede, queda frente al espejo un ser que muestra su piel para ser abofeteado por el reflejo que le devuelve una imagen extraña, pero, a fin de cuentas, una imagen sincera, sin conveniencias, oportunismos, convencionalismos o rencores.

Víctor Vázquez. "1898". 2006. Lambda Print. Polyptych. Dimensions variable. Imagen cortesía del artista.

Un cuerpo a cuerpo habla de restricciones y de libertades, apuesta por la relatividad de las demarcaciones y los significantes. Sus palabras son aquellas que dejan cabida al libre albedrío, a la tenacidad de términos como “todos”, “nadie”, “seres”, “cuerpos”, signos plurales que desdeñan la precisión identitaria y que portan la elocuencia de lo múltiple. Su geografía y su particular mapa del mundo son aquellos donde se han borrado los partidos políticos, las pugnas ideológicas, las fronteras y las jurisdicciones. Es esa tierra baldía el barro que supuestamente nos formó y a través del cual la utopía plantea un tránsito en todas las direcciones, sin importar ya los trayectos escapistas que van del sur hacia el norte, de las periferias a los centros.

En su continua búsqueda de ese cuerpo híbrido, Víctor Vázquez va reconstruyendo un paisaje de imágenes a las que nos podemos enfrentar a diario, en cualquier esquina o plaza de nuestra ciudad. Se arremolinan ante la lente el colchón viejo rescatado de la basura, con los vestigios de las quemaduras provocadas por el fuego encendido con papeles de periódicos, que sirvió para calentar el cuerpo que durmió a la intemperie. El butacón desvencijado que permanece frente a la puerta del almacén abandonado y que, cada tarde, cobija al desarraigado cuando retorna de su peregrinaje habitual en pos de hallar un trabajo que mitigue su hambre, y que jamás encuentra por el simple hecho de ser un “indocumentado”.

Las fotografías de Vázquez llegan, incluso, a penetrar el fenómeno de la emigración a tal punto que desvelan sus propios matices. Nos comentan sobre los niveles de aceptación del inmigrante, sobre el reconocimiento diferenciado del extranjero cuando éste llega atraído por la conveniencia de los Estados o los mercados. Exilio, emigración, son realidades que los cuerpos experimentan también a través de la mirada del otro. A veces, en contadas ocasiones, el cuerpo en la diáspora deja de ser el signo de la sospecha y la deyección para encarnar el rol del héroe vitoreado popularmente, sinónimo de capital invertido. Entonces, la hipocresía del “buen vecino” se hace palpable y permite constatar el absurdo de un mundo poscolonial obligado a los límites y las reterritorializaciones ejecutadas por los poderes políticos y económicos.

Víctor Vázquez. "Mattress with Ball". 2006. Lambda Print. Diptych. 48'' x 48'' each. Imagen cortesía del artista.

El cuerpo sigue trazando nuestros propios márgenes, una distribución espacial que nos confina a los límites de la imaginación. La geografía reconvierte sus mapas en caleidoscopios móviles. El cuerpo sufre, padece, enferma, defeca, transpira; el cuerpo goza, siente, crece a pesar de los controles y las normas. El cuerpo se mueve, se desplaza, huye, se libera, corre, grita, se revela, va tan lejos como el viaje de la ilusión lo permita. El cuerpo va acompañado de la memoria, y ésta a veces funge cual tiranía, imponiendo la dictadura del recuerdo. El cuerpo anhela dejar sus padecimientos, clama por una amnesia salvadora. El cuerpo resiste y existe, está allá, aquí y en todas partes, sin pasaportes, ni visados. El cuerpo borra las aduanas, los consulados, las embajadas. El cuerpo utópico vaga…

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