2014_¿Desde dónde se escriben las historias del arte cubano?

¿Desde dónde se escriben las historias del arte cubano?

El proyecto No Limits de Alexandre Arrechea inunda las calles de Manhattan con esculturas de gran escala que crean un juego tautológico con la arquitectura más emblemática de New York. Se inaugura en el Queens Museum la exposición Citizens of the World: Cuba in Queens con obras de los fondos de la Colección Shelley and Donald Rubin. Pedro Pablo Oliva inaugura exposición en la Galería Latin Art Core, después de una década ausente de la escena artística de Miami. La exposición Drapetomanía: Exposición homenaje al Grupo Antillano, con curaduría de Alejandro de la Fuente, comienza su itinerancia en el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de Santiago de Cuba y continúa viaje en el habanero Centro de Desarrollo de las Artes Visuales. Jesús Hernández-Güero inaugura la muestra Las armas no matan en la sala El Anexo/Arte Contemporáneo en Caracas. Gustavo Acosta exhibe Espacio de silencio en Caixa Cultural, Río de Janeiro. El arte cubano se da cita en la 55ª Bienal de Venecia. Eduardo Ponjuán recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas. Las subastas de arte latinoamericano de Phillips, Sotheby´s, y Christie´s presentan cifras optimistas para el mercado del arte cubano. Los críticos de arte Elvia Rosa Castro y Andrés Issac Santana presentan en Miami y Madrid sus últimos libros, Aterrizaje. Después de la crítica de la razón cínica y Sin pudor (y penetrados), respectivamente. El proyecto OMNI Zona Franca abre caminos desde Alamar a New Orleans. Wendy Navarro cura la exposición Diversionismo Ideológico para la Galería Nuble de Santander…

Los anteriores titulares son un ejemplo ínfimo de las innumerables noticias que durante 2013 han circulado sobre arte cubano en diferentes medios y contextos. Para aquellos que seguimos cotidianamente la actualidad del campo artístico cubano desde diferentes lugares del planeta, ha sido una inyección de adrenalina comprobar cómo se ha dinamizado no sólo la escena cultural cubana dentro y fuera de la Isla, sino también los flujos de información que se multiplican desde las más insospechadas latitudes. Parece que estamos asistiendo, de hecho, a un cambio de paradigma por el cual se hace efectiva la condición transnacional del arte cubano y la conexión entre la producción insular y sus diferentes diásporas. ¿Pero qué significa esto en la práctica?

Jesús Hernández Güero, Las armas no matan, 2011-2013, instalación: serigrafías con pólvora de armamento sobre lienzo, casquillos de 9mm y cartuchos de escopetas, El Anexo, Caracas.
Jesús Hernández Güero, Las armas no matan, 2011-2013, instalación: serigrafías con pólvora de armamento sobre lienzo, casquillos de 9mm y cartuchos de escopetas, El Anexo, Caracas.

Para quienes hemos pasado por las aulas de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana desde los años ochenta y noventa hasta la actualidad, varias generaciones de historiadores del arte diseminadas por una geografía cada vez más global, esto puede constituir una forma efectiva de “retorno al país natal” a través de la construcción de un escenario de conocimientos compartido y colaborativo, puesto en red y sostenible entre todos. Un espacio descentralizado, conformado como un archivo infinito sobre la producción y el pensamiento en torno a las prácticas artísticas cubanas. Expresada así, la idea parecería una utopía con tintes nostálgicos. Sin embargo, si revisamos las formas en que diariamente consumimos las noticias, textos, críticas o imágenes que nos llegan sobre arte cubano, podríamos advertir que ese archivo ya existe en un presente continuo y es algo que se está edificando –conscientemente o no- entre los disímiles actores sociales que confluyen en nuestro campo artístico.

Durante la década de los noventa del pasado siglo, en medio de la más profunda crisis editorial en el país, era casi imposible saber dentro de Cuba lo que estaban haciendo los artistas que habían emigrado a principios de la década, ni producir catálogos o libros de arte en el territorio nacional que cubrieran las necesidades historiográficas de una producción visual en plena efervescencia. Apenas se podían encontrar en la biblioteca del Centro Wifredo Lam los catálogos de las ya míticas exposiciones que en esos años proliferaron en diversos espacios institucionales extranjeros (Kuba O.K, Territorios utópicos, Cuba Siglo XX: Modernidad y sincretismo, Mundo soñado, La dirección de la mirada, La isla futura, etc.); o consultar bibliografía teórica fotocopiada en el Instituto Superior de Arte. Por el contrario, hoy parece que la información llega casi al momento, salvando incluso las dificultades de acceso que todavía supone la ausencia de Internet a escala masiva y doméstica, así como las limitaciones tecnológicas de diferente índole. Y es que como es habitual en una cultura de resistencia, el boca a boca sigue funcionando como una herramienta eficaz y rápida de comunicación que se desentiende de ideologías e infraestructuras. Quizás porque la precariedad conlleva compartir como algo natural, instintivo.

Gracias a esa generosidad que se recorre como un camino de ida y vuelta, los que trabajamos fuera de Cuba podemos contribuir al enriquecimiento de los fondos de las bibliotecas y los archivos en la Isla; y al mismo tiempo aprehender la actualidad de boca de quienes protagonizan experiencias imprescindibles de promoción, investigación y conservación del conocimiento alrededor del arte cubano. Es desde esa perspectiva que debemos entender la aparición de los boletines mensuales de los estudios de artistas, como es el caso del Estudio Carlos Garaicoa; o el boletín de Cuban Art News, la versión digital de Noticias de Arte Cubano, la labor del Centro Teórico-Cultural Criterios, El correo del Archivo, boletín del Archivo Veigas. También la creación de publicaciones periódicas especializadas que se unen a la solitaria labor de la revista Artecubano, como Arte por excelencias, Artcrónica y la reciente Art OnCuba.

OMNI Zona Franca, performance, Glasshouse, Brooklyn, octubre 2013. Fotografía: Glasshouse
OMNI Zona Franca, performance, Glasshouse, Brooklyn, octubre 2013. Fotografía: Glasshouse

Las redes sociales están desempeñando un papel fundamental en estos procesos de circulación de conocimiento sobre el arte cubano. Ha sido de crucial importancia que imágenes de un conjunto de performances de los ochenta que creíamos perdidas o que ni siquiera sabíamos que existían, se hayan digitalizado y publicado en estas plataformas, llenando los vacíos de un imaginario y una memoria deslocalizada en permanente reconstrucción. Es importante el uso que los artistas están haciendo de estos recursos, aprovechando las posibilidades de visibilidad y almacenamiento que brindan esas herramientas para mostrar el trabajo reciente, dejando accesible un material que ahí queda para consulta e investigación.

Ciertamente, desde inicios del siglo XX, con el continuo trasiego de las vanguardias cubanas entre Europa, América Latina y Estados Unidos, las historias del arte cubano se escriben simultáneamente desde muchos lugares. Cualquier relato centralizado o polarizado entre un dentro o fuera, un aquí o allá, ha perdido sentido. Basta cotejar los catálogos de las editoriales y las listas de investigaciones doctorales y de maestría en universidades internacionales, realizadas por intelectuales cubanos o extranjeros, para corroborar que la historiografía del arte cubano se produce más allá de cualquier frontera o criterio excluyente de pertenencia a la nación. También es cierto que cantidad y calidad no son necesariamente proporcionales, pero sin dudas, en la medida que más fuentes permitan contrastar información sobre la creación artística en Cuba, menos cabida tendrá el oportunismo exotista, la pose diletante y el pretexto cultural como boleto turístico al Caribe.

Pensemos particularmente en la metáfora de un gran archivo expandido -no cerrado ni muy ordenado- y lo que ello significa desde la perspectiva historiográfica al permitir una actualización instantánea y plural de la información, así como un reciclaje permanente de las voces y los supuestos de valor en torno al arte transnacional cubano. No hablamos aquí de calidad o coherencia, no es el lugar para esa valoración, sino de la pertinencia y la necesidad de contar con un paisaje editorial e historiográfico híbrido, promiscuo, contaminado, que permita el reverdecer de la crítica y el pensamiento sobre arte así como su revalorización tras años de vapuleo y desidia. Las pistas que hemos seguido en estos doce meses permiten trazar un mapa en el que realmente se acortan las distancias y los espejismos, no en un plano romántico, sino a través de la efectiva y consolidada circulación del arte cubano contemporáneo y de la producción de conocimiento en torno a éste. Dicen que en estas fechas de balance anual se suelen hacer propósitos de futuro: la libre circulación del conocimiento sobre el arte cubano es una responsabilidad compartida.

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