Omar Pascual Castillo

Confesional y terapéutico: un diálogo con Omar Pascual Castillo a propósito de la exposición Terapia de grupo*

Omar-Pascual Castillo.
Omar-Pascual Castillo.

El pasado 7 de febrero se inauguró en la madrileña Galería Fernando Pradilla la exposición colectiva Terapia de grupo (Arte cubano actual), que reunió a 24 artistas cubanos y un creador español invitado. La muestra, comisariada por el curador Omar Pascual Castillo -asentado en Granada desde la pasada década-, recorre un vasto paisaje en torno a una producción simbólica que persiste en una incesante reinvención como forma de vencer el tedio y el cansancio retórico tan común en la Isla. Propuestas tan heterogéneas como los discursos y lenguajes artísticos que signan a sus respectivos autores. Obras que han sabido trasponer los habituales y fáciles clichés identitarios sobre una estética de “lo cubano”, conforman la estructura dialógica de una muestra a través de la cual repasar algunos de los discursos más sugerentes dentro de las artes visuales contemporáneas vinculadas a la geografía o al imaginario cubanos.

Tal vez conocer el origen de un proyecto curatorial, su génesis quizás como respuesta o simple posicionamiento o reordenamiento del discurso en torno a un referente tan llevado y traído en la pasada década, puede dar pistas nítidas sobre la vocación de este proyecto. Cómo, cuándo y dónde surge la idea de comisariar una exposición como Terapia de Grupo (Arte cubano Actual).

A decir verdad este proyecto lo vengo trabajando desde finales de la década de los 90, cuando todavía vivía en La Habana. La idea se me ocurrió en ese momento, y fue completamente accidental, nació de una conversación entre amigos, creo que nos encontrábamos Bárbaro Martínez-Ruiz, Lázaro Saavedra y Magaly Espinosa hablando en casa de ésta última, o quizás Lázaro no estaba…, sí efectivamente creo que Lázaro no estaba, pero después de seguro lo hablamos con él y Lázaro que siempre ha sido tan genial nos mostró unas obras que no conocíamos, al menos yo, sobre la idea de un constante “masaje mental”, donde el humor -por supuesto- era la terapia. Pues bien, metidos en una charla vespertina de café habanero nos dimos cuenta que a algunas personas cercanas, por ejemplo nuestras madres o tías, tras una fuerte depresión les habían recomendado clínicamente pasar un tiempo de Terapia de Grupo, casi como único remedio de sus males. Cuando terminamos aquella anécdota, en medio de una extendida charla, yo simplemente dije algo así: “como si no estuviéramos todos los días haciendo terapia de grupo los cubanos”. De ese paralelismo nace este proyecto, de nuestra capacidad de autocrítica y nuestro autorreconocimiento, de la mano de nuestra choteante verborrea y chismorrería amable.

En ese tiempo yo ya había hecho en La Habana: Las otras escri(p)turas, sobre la relación de escritura, conceptualismo y literaturalidad, Giro de Tuerca, relativo a un grupo de cierta radicalidad tangencial o marginal dentro del panorama plástico de los 90 cubanos o ECCE HOMO (Tentativas del Desnudo masculino en Cuba) ( los tres proyectos del año 1996), y por último un proyecto que tenía más que ver con este: El ocultamiento de las almas (1997), sobre la posibilidad de establecer una lectura y/o metodología antropológica dentro del arte cubano, donde de hecho ya esbozaba esta idea de “lo confesional y terapéutico como algo nuestro”.

Después vino mi viaje a España, decidir quedarme de este lado del Atlántico, presentar muchas versiones del mismo proyecto tratando de hacerlo, hasta que sucedió el “encargo” por parte de Fernando Pradilla, gran entusiasta de nuestra cultura allá donde los haya, quien llevaba tiempo, cerca de 3 ó 5 años, hablándome de la idea de que hiciéramos una exhibición de arte cubano que juntara artistas de varias generaciones y que no estuviera ceñida necesariamente a artistas cuya residencia estuviese dentro o fuera de la Isla; sino que la obra fuese lo suficientemente interesante como para ponerse a dialogar con otros de su mismo nivel.

Podríamos decir entonces que estos son los precedentes más inmediatos.

Por qué ubicar una muestra como ésta dentro de un circuito comercial, dentro de una galería madrileña. ¿Podrían existir lecturas implícitas sobre la situación de mercado que enfrenta hoy el arte producido en Cuba?

No estoy seguro, podría decirte que este mismo proyecto, un artista más un artista menos, estuvo circulando por gavetas y gavetas de varios centros de arte de 1998 al 2000; y ninguno terminó en decidirse por hacerlo. A veces, ahora lo entiendo, “lo cubano” dejó brutalmente de estar de moda tras 1998, porque antes se hicieron varios proyectos de golpe, cada cual mejor o peor, pero siempre representativos de un espíritu determinado de cubanidad. Además yo era un joven curator cubano más, recién llegado y tratando de presentar un proyecto de artistas que muchos no conocían de nada.

Pero a lo que vamos, después de las modas oficiales, siempre hay resaca, y regresa la marea. Ahora bien, vuelvo a insistir, la exposición está ocurriendo en Fernando Pradilla fundamentalmente, y esto hay que decirlo, por la insistente vocación de Fernando Pradilla, el único galerista latinoamericano -como sabemos él es colombiano y tiene allí la Galería El Museo- que tiene un espacio en Madrid. Bueno, hoy por hoy dos espacios, los cuales además nos cedió para hacer nuestro proyecto, pues en un principio sólo era la planta baja de la galería y después, al ver la posibilidad de usar las dos salas, me planteó la idea de ampliarla, y de 13 artistas llegó a 25. Es decir, esta exhibición está siendo en Fernando Pradilla, más que nada, gracias a él.

Pero lo curioso, en este sentido, es que quizás él mismo no sepa totalmente o no tenga noción real de la importancia que tiene esta coyuntura para algunos de estos artistas, sobre todo los que todavía están en la Isla; ya que al hacer 4 años de cerrarse completamente el mercado americano de “arte cubano” por las restricciones de Bush de relaciones comerciales con la Isla, Europa está siendo el nuevo mercado creciente del arte cubano, con lo cual quizás Fernando ahora juega con ventaja, por su tenacidad y valentía.

Situación que me parece perfecta, precisamente por la nueva coyuntura que está posibilitando la exhibición, para los artistas y para la galería, a ver si redistribuimos nuestro arte en Europa de una manera más equitativa, y si diversificamos nuestro mercado y nuestro coleccionismo, justo, desde una de las galerías españolas que va a más ferias internacionales del mundo.

La suerte está echada.

Has mencionado tres ideas fundamentales que rigen sobre la organización de la muestra, a saber, cuestiones de índole “generacional”, “transterritorial” y propiamente “curatorial”. ¿Podrías ahondar en dichos criterios y explicar cómo se pueden reconocer los mismos dentro de la exposición?

No pretendí que se “viesen claramente” estas tres líneas curatoriales en la muestra, o sea no organicé la muestra desde una museografía cronológica o territorial; sino más bien arbitraria, intercalada, como son en sí mismas las sesiones terapéuticas de grupo, más por combinaciones visuales que por aproximaciones situacionales alejadas del objeto-arte; pero creo que se ve bien claro quien es quien. Por ejemplo, la primera generación presentada son Gladis Triana, José Bedia, Marta Mª Pérez, René Peña; a la que le siguen Cristina Padura, Sandra Ceballos, Ángel Ricardo Ríos, Juan Carlos Alom, Armando Mariño, Luis Gómez, Elio Rodríguez, Carlos Estévez; la tercera son Alexis Esquivel, Jorge Luis Marrero, José Ángel Vincench, JM Pozo, Lindomar Placencia; y los más jóvenes son Ariel Orozco, Rodolfo Peraza, Glenda León, Michel Pou, Alejandro González, Lien Carrazana y Heidy García. Bermejo de alguna manera conecta mucho más con este último grupo.

Si desde hace 5 años no se realizaba ningún proyecto serio de Arte cubano en España, al menos desde mi punto de vista, debía combinar la selección en función de panear estos 3 vectores de lectura equilibradamente, sin que fallasen las representaciones de estas 3 ideas. Igual siendo un proyecto de una galería comercial, por cuestión de justicia debía ajustarme a algunos artistas cubanos con los que ellos trabajaban o ya tenían piezas suyas, cosa que no me molestó en lo absoluto, porque son artista de primer nivel. Fernando en su colección tiene obras de Bedia, de Quintana, de Kcho, de Mariño, de A. R. Ríos, de Marta, y de Orozco, entre otros. ¿Cómo completar una visión alrededor de estos artistas?, pues trazando puentes, nexos, diálogos hacia delante, hacia detrás, a los lados, en fin, cartografiando un mapa imaginario. Como siempre he hecho, partiendo de cierta idea muy personal de justicia histórica y de diálogos posibles, sin ser totalitarios, pero tampoco obvios, y por otro lado, sabiendo que es sólo una muestra más. No la mega-exposición de Arte cubano, lo cual sería absurdo pensarlo.

Creo que con esto y viendo la muestra, esta pregunta queda respondida; aunque igual existe un texto más amplio que el publicado por problemas de espacio en el políptico de la galería que explica mejor esta intención del proyecto. Texto que ya circula por Internet.

Cuáles consideras los referentes de muestras colectivas de “arte cubano” que te han servido para configurar la especificidad de tu proyecto. ¿Cómo crees que se articula Terapia de Grupo dentro de la reciente historia de esos proyectos de comisariado que han devenido paradigma historiográfico sobre la producción artística cubana?

Creo que los referentes son proyectos que nombro justo en ese texto: Cuba La Isla Posible (Barcelona, 1995), curado por Iván de la Nuez; Cuba Siglo XX. Modernidad y Sincretismo (Las Palmas de Gran Canarias y Palma de Mallorca,1996), curado por Antonio Zaya y María Lluisa Borrás; desde mi punto de vista los dos proyectos más interesantes, dinámicos, dialógicos y mestizos que se han realizado sobre arte cubano en muchos años, antes y después, los cuales siempre serán un referente; luego está Utopian Territorries: New Art from Cuba (Vancouver,1997), curado por Eugenio Valdés y Juan Antonio Molina, el cual me pareció el “inicio del cambio”, así como algunos de estos proyectos habaneros míos que ya mencioné: Las otras escri(p)turas, Giro de Tuerca, (1996), y El ocultamiento de las almas (1997); porque lo que he hecho es de alguna forma continuar un trabajo, una línea de planteamiento problemático curatorial. Aunque hay que decirlo, estos son proyectos que se han realizado algunos en centros de arte en Cuba, lo cual garantiza una mínima infraestructura; y los otros fuera en importantes espacios o con importantes presupuestos. Teniendo en cuenta eso, este un proyecto mucho más doméstico, y en cambio ha sido un éxito a nivel de producción. Entonces, en este sentido, recordé la capacidad de gestión de ESPACIO AGLUTINADOR, para mí el mejor ejemplo de democracia, libertad, pluralidad y tolerancia, a la vez de militancia dentro del panorama plástica nacional de los últimos 20 años; e inspirado en ellos hice TDG.

Cómo se inserta “TDG” dentro de este panorama ya lo dirán los historiadores y críticos del arte, no yo.

A nivel museográfico cuáles fueron los principales retos y dificultades del proyecto. ¿Cómo congeniar propuestas estéticas de tan diversa naturaleza y alcance discursivo en un espacio difícil por su propia estructura física? ¿Cuáles fueron las principales concesiones en ese sentido que tuviste que hacer?

Más que nada visuales, como por ejemplo, verme obligado a usar los pasillos y las oficinas. Por lo demás, creo mucho en la capacidad de defensa de cada una de las piezas escogidas, ellas hablan solas, se defienden solas de con quienes están dialogando en los espacios. Realmente el mayor reto fue logístico, coordinar desde Cuba el envío de algunas obras, la producción urgente de otras en España, y por otro lado, sin un presupuesto potente para ello, coordinar la presencia de 10 artistas en la muestra, en el montaje y la inauguración. Sin hablar de los retos tecnológicos, por supuesto.

Por qué la inclusión de Héctor Bermejo como artista invitado en la muestra.

Héctor es un completamiento de la idea de que “lo cubano” no es privativo nuestro; sino igual de quienes interactúan con nosotros. Es redondear la idea de que “lo cubano es un desplazamiento dentro-fuera de lo cubano”. Sé que se han hecho fabulosas piezas sobre la bandera cubana por fotógrafos cubanos, Eduardo Aparicio por ejemplo hizo un díptico perfecto al respecto en su serie Habana-Miami, Manuel Piña hizo un proyecto inédito y/o censurado en su momento igual muy interesante, pero no pude dar con él, en su exilio canadiense. En cambio, la pieza de Bermejo me pareció eficaz, divertida, inteligente y osada; y además, creo que el contexto perfecto para verla y entender su profundidad era y es una muestra de arte cubano, o sea, este era el contexto apropiado, por no decir su contexto natural.

Un aparte especial dentro de la muestra merece la selección del programa audiovisual. ¿Por qué creíste necesaria su inclusión en la muestra general?

Creí necesaria esa inclusión por dos motivos, primero porque muchos artistas que desde un inicio quería incluir en el proyecto estaban desplazando sus producciones hacia el videoart, tal es el caso de Alóm, Luis, Marrero, y Sandra; y segundo por una cuestión de pura logística, para rentabilizar un espacio, abriendo un abanico de posibilidades. Un abanico que apostara por el futuro, conectara varias generaciones y planteara un dirección venidera.

Respecto a la producción videográfica cubana -que ha acontecido en términos generales desde mediados de la pasada década, justo cuando ya estabas viviendo y trabajando fuera de la Isla-, que percepción tienes. ¿Refleja este pequeño programa de screening parte de tu observación sobre la emergencia del lenguaje vídeo en el arte cubano?

Para ser sinceros creo que no, este pequeño screening es sólo eso, una pequeña selección; eso sí, refleja un síntoma: no se puede abordar ningún mapa visual contemporáneo sin pensar en el videoart, porque está ahí, interactuando con los demás medios, y ahí estará, abriéndose caminos, cada día más. Y en el contexto cubano es significativo este dato de internacionalización del arte insular, como una especie de puesta al día, una puesta al día que además es muy doméstica y resolutiva, porque solo hace falta una cámara y un buen editor de imagen, lo que dinamiza muchísimo las posibilidad de interactuar y preestablecer relecturas del contexto, o simplemente documentar una performance, lo cual igualmente es de agradecer. También, como digo, faltaron muchos. La verdad es que me dio mucha pena no poder incluir más, no conozco la obra de muchos jóvenes artistas cubanos que usan el soporte video. Hace 10 años no resido en Cuba, y ver en Europa una preselección de arte cubano, como para luego poder seleccionar un grupo de creadores de video es casi imposible, solo pude seleccionar aquello a lo que tuve acceso. Otras fueron recomendaciones de los propios artistas, otros una oportunidad de una exposición de jóvenes artistas cubanas que vi en Granada, mi ciudad adoptiva.

En este sentido, descubrir las nuevas piezas de Sandra, Vincench, Marrero y Luis, fue todo un descubrimiento.

Entre tus proyectos de comisariado más recientes se encuentran sendas exposiciones personales de los artistas Carlos Quintana, José Bedia o Ray Smith (de estos últimos sus primeras muestras retrospectivas en España), y otros proyectos co-comisariados como Barrocos y Neobarrocos. El infierno de lo bello (en este caso junto a Javier Panera y Paco Barragán). ¿Cómo sitúas un proyecto como Terapia de Grupo dentro de las líneas de investigación y trabajo que vienes siguiendo dentro de tu labor como comisario? ¿Acaso una necesidad personal, un reencuentro coral, una revisión necesaria de tu propia condición “transterritorial”?

Es una finta, como dicen en el baloncesto, un ardid, un zigzag. Es un desmarcarme, un regreso sobre mis propios pasos; e igual, es posibilitar un diálogo sobre algo que medianamente conozco, ahora cada día más desde la distancia, pero ahora desde una situación privilegiada. Cierto, soy un comisario transterritorial, por no decir internacional y free-lance; pues ahora es más fácil para mí hablar de “lo cubano”, tal vez porque no esperan que lo haga.

Es interesante que me preguntes esto, porque estando dentro de Cuba hice varios proyectos internacionales, recién llegado a España, esta era igual mi dirección, “no trabajar territorialidades”, pero en esta ocasión me pareció necesario volver atrás. Y quizás lo volvería a hacer, pero siempre de otro modo u otros modos. También es darle voz a los tuyos, como dices, “coral”, una voz coral para que se puedan expresar, que tengan la oportunidad de salir de la Isla, conversar con amigos que hace años no ven, verse en el contexto comercial europeo, en las fechas de ARCO, etc, etc.

Hacer TDG tampoco era traicionarme, ahora mismo en mi proyecto más inmediato, en Abril próximo, que es curar los project rooms de la feria de Milán (MIART), llevo varios cubanos: Jorge Pardo, José Bedia, Alexandre Arrechea; además trabajo en una nueva muestra personal de Bedia, con su obra reciente, y más adelante preparo una publicación monográfica sobre Raúl Cordero. Igualmente es habitual que escriba muchos textos críticos sobre arte cubano, sólo que no se ve tanto porque son textos de catálogos o proyectos concretos que tienen una circulación limitada. Hasta hoy día mi pasaporte sigue siendo cubano, con todos los pro y los contra que eso implica, entonces creo que este proyecto ha sido sólo pagar una deuda. Continuar un trabajo de años. Tomarme un respiro, sentirme como en casa y volver al ruedo.

En la dedicatoria de tus palabras al catálogo de Terapia de Grupo haces un reconocimiento a la obra intelectual de una serie de personas. Qué han aportado a Omar-Pascual o a tu relación con la cultura contemporánea esos nombres.

Antonio Zaya era un gran amigo, fue la primera persona que creyó en mi fuera de Cuba, me publicó en Atlántica con tan sólo 22 años, y luego tras mi llegada a España me enseño muchísimo, por desgracia, por su reciente y repentina muerte nunca podré agradecerle lo suficiente lo que hizo por mi. Entre otras cosas, porque me enseño a asumir el rol de curator, me enseño cómo asumir el hecho curatorial. Después está Bárbaro Martínez-Ruiz, un gran amigo, a quien considero sin ninguna duda el hombre más inteligente de mi generación, con él y con Magaly Espinosa -quien fue mi tutora de Estudios Estéticos en el ISA- igual aprendí mucho, hablábamos horas y horas, nos intercambiábamos información, revistas, libros, textos; ya sabes… ese trapicheo ilegal de conocimiento que se da en La Habana de forma natural, subterránea, subversiva casi; luego están los artistas que no pudieron estar: Carlos Quintana, Alex Arrechea, Lázaro Saavedra, Ernesto leal, Eduardo Aparicio, también faltaron Flavio Garciandía, Segundo Planes, Tania Bruguera, Raúl Cordero, Ezequiel Suárez, Carlos Garaicoa, Eduardo Muñoz-Ordoqui, Andrés Montalván, Jorge Pardo, Ernesto Pujol, Enrique Martínez Celaya, Gustavo Acosta, Teresita Fernández, Juan Carlos Quintana, Alonso Mateo, Ricardo Zulueta, Luis Cruz Azaceta, Fabián Peña, Sergio y Víctor Payares; artistas todos que me interesan muchísimo, o me interesan de alguna forma muy concreta, pero esta es una selección de un proyecto para un espacio concreto, de una lógica concreta. Nunca están todos, es imposible, incluso dedicarles a todos un lugar en el texto o en la dedicatoria es imposible. Por último está Orlando Hernández, uno de los hombres que más ha influido sin él saberlo en mi “estilo de pensamiento”, si es que acaso tengo un “estilo de pensamiento”… Así como están Santiago Olmo, Kevin Power, Juan Antonio Jiménez, Antonio Franco, Javier Panera, José Jiménez, Fernando Castro, Carlos Jiménez, Juan Carlos Betancourt, o Francesco Pellizzi, (digamos que estos son amigos internacionales), o como lo estuvieron en Cuba, Ismael González Castañer, Carlos Alberto Aguilera, Víctor Fowler, Rito Ramón Aroche, o mis segundos grandes lectores: Carmen Suárez León y el maestro Eliseo Diego, la primera sigue siendo mi madre, de quien heredé la tradición editorial, fue editora hace años en Cuba; gente con la que compartes, artistas, escritores, comisarios, historiadores, estudiosos, críticos o colegas del mundo del arte con los que he aprendido mucho y aprendo día a día, de tan solo escucharlos hablar, escuchando sus opiniones y consejos, escuchando sus críticas sobre mi trabajo y sobre lo que está pasando en general en el mundo del arte o en el universo editorial, intercambiando textos, ideas, críticas, en fin…

Dedicarles un lugar a cada uno de ellos -a veces- en mis textos, es reconocer que existen y estar agradecido de que existan, a pesar de que no “puedan figurar” en cada proyecto que uno hace. En muchos otros textos o publicaciones aparecen esos nombres que aquí ahora nombro, es simplemente un gesto de cortesía y respeto. Porque no somos un todo único, somos nosotros y los que nos han ayudado a ser, los que nos han rodeado, y los que nos rodean. A veces, sólo son dedicatorias muy personales, pero que a quien va dedicado le llena un vacío. Quizás en esa manía se me salga el poeta, o el escritor que soy que insiste constantemente en dejar constancia escrita de lo que piensa o siente.

Una muestra de esta envergadura, trae consigo per se una reverberación crítica que la sitúa en el centro del debate relacionado con cuestiones artísticas, estéticas, y otras extra-artísticas que no escapan a las miradas con condicionamientos políticos. ¿Hasta el momento cuál ha sido la repercusión de la exposición?

No sé, no he podido tener ninguna certeza al respecto, te estoy respondiendo esta entrevista desde New York, casi inauguré y me he venido aquí, pues tengo trabajo que terminar de este lado del Atlántico. Sólo te puedo decir lo que sé de referencias. De primera, la galería ha tenido muchas visitas, mucho cubano de Madrid, mucho público en general, gente del Houston Museum of Art, de la Tate, de museos y medios de prensa españoles; y todos opinan que es un buen proyecto. Quitando defectos y/o detalles técnicos, todo hay que decirlo, entre los artistas hay cierta felicidad interna, les ha parecido grata la experiencia de forma general. Y para mí, he cumplido. Pero creo que todavía es pronto para opinar sobre la repercusión. Eso sería especular.

¿Quiénes faltan en Terapia de Grupo? ¿De los artistas presentes en la muestra cuáles no dejan de sorprenderte a pesar del paso de los años? ¿De los más jóvenes, sobre quiénes llamarías la atención de los diferentes actores del campo artístico?

La primera parte de esta pregunta ya te la respondí arriba, en mi lista de nombres. Sobre los que ya conocía, no dejan de sorprenderme Luis Gómez, con su obra cada vez más interlingüística o post-medial, Sandra Ceballos y sus performances, Elio Rodríguez, quien salta de la depuración minimal o desparpajo neobarroco con gran facilidad y viceversa, Vincench con sus nuevas obras de videoart, Alexis y su serie de nuevas pinturas; son artistas que giran constantemente sobre sí mismos, se reinventan y crecen. De los jóvenes me parece que hay que esperar algo de tiempo, pero Lindomar, Ariel y Rodolfo pueden dar mucho de sí. Lo demás, sería apresurarme, y la verdad, prefiero la paciencia a la velocidad, al menos hoy por hoy. Dice un refrán yoruba: No hay nada más bonito que un día tras el otro.

Entonces, esperemos.

* Esta entrevista fue publicada originalmente en el diario electrónico Encuentro en la Red el 12/05/2008 bajo el título: “Hay que dar voz a los tuyos para que se expresen”. Accesible online: https://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/hay-que-dar-voz-a-los-tuyos-para-que-se-expresen-83781/(page)/3/(galleryslide)/1/(gallerynode)/83869

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