Años 70

Roma

Serie Psicodélica

Exposición 12 Slides da Cuba

Roma

Comenzando la década de los setenta Jorge Carruana y Myriam Acevedo se instalan en Roma, donde ambos residirían en lo adelante. Los dos primeros años en Roma discurren en Via San Francesco A. Ripa, 141, en pleno Trastevere.

En esa década el artista colabora con diferentes medios cinematográficos y retoma la experiencia en la animación que había adquirido en el ICAIC durante los años sesenta. Entre sus colaboraciones se pueden mencionar los trabajos para Radiotelevisione italiana RAI y Lodolofilm.

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De esta primera época en Roma, su amigo y reiterado colaborador Carlos Franqui, diría:

Para Jorge Carruana la imagen visiva es una obsesión. Pintura, dibujo, cartón animado, animación teatral, fotomontaje, collage, uso de diferentes técnicas fundidas en una expresión fuerte, dinámica, violenta, tropical, Caribe, cubana, libre, insoportables al dogma y la falta de libertad. Sus largos y duros años de exilio y el contacto con la cultura europea lo han vuelto más cubano aún, como si el artista a quien roban su patria, lejos de su tierra, la viera y penetrara más profundamente y la hiciera más suya y universal en su obra.

La sexualidad de sus figuras va más allá de cierto sensualismo criollo, de la fecundidad de la madre África o del maternalismo hispano y se corresponde con nuestra mejor música y con las más bellas páginas de Montenegro, Lezama o Cabrera Infante.

Conozco la obra de Carruana, desde los años ’60, cuando el humor punzante de sus cartones en el ICAIC, irritaba la naciente Burocracia; desde sus primeras obras y exposiciones de entonces, y más aún desde 1970, emprende, solitario, en su estudio de Trastevere, una obra rigurosa, personal, cubana y universal que continua la aventura de una cultura exiliada por dos siglos, que reafirma su cubanía y libertad, ayer como hoy, contra los monstruos internos y externos, que este fin de siglo ve caer en la Europa del Este y en América Latina.

Estas palabras iluminadas del poeta José Ángel Valente, dicen mucho del combate de nuestros artistas por un arte poderoso, vivo, iluminador, libre y humano: “Maestro, la distancia es un cuerpo transparente, un animal translúcido que no podría oponerse a la luz. Reviste al fin de menos bruma la mirada que la difunta realidad. Guardemos pues la clave del patio mas secreto. Crasa la estupidez envuelve en tornales residuos de tierra perdida. La distancia es un ojo con alas”.

Carlos Franqui, marzo de 1990.


Psicodélica

El inicio de la década de los setenta marca un punto de giro en el trabajo de Jorge Carruana Bances, que se entrega por completo al lenguaje pictórico, aunque continuará con sus colaboraciones para el cine, especialmente en el terreno de la animación. Es en este momento donde se perfila una propuesta visual integrada armónicamente a los códigos del arte Pop; algo evidente no solo en el tratamiento cromático de las obras, sino en la propia selección de un repertorio de motivos y asuntos plásticos provenientes de toda la parafernalia de la publicidad y la esfera del consumo.

Recordemos que esta época define los instantes iniciales de Carruana Bances en el exilio, donde todo el universo visual del mundo publicitario que había conocido en su infancia, durante los años cincuenta en La Habana, volverá a aparecer en los escaparates, la televisión, la radio, en los carteles y lumínicos de las tiendas. Se trata del reencuentro con un paisaje visual y urbano que en su Cuba originaria había sido desplazado por la propaganda política y la austeridad del escenario de la economía socialista.

Por otra parte, esta etapa abre los imaginarios del artista a un desenfreno formal que se traduce en la representación de imágenes altamente erotizadas, donde la experiencia de la sexualidad es llevada a una iconografía desbordante, recortada y enfocada en composiciones en las que falos, senos, anos y vaginas ocupan los primeros planos de la composición, definiendo además todo el espacio del cuadro. En ese sentido, las obras de la serie Psicodélicas abarcan un diapasón de colores intensos y estridentes, que recorren el rojo, verde, azul, ocre y naranja, dotando a las piezas de un juego fondo-figura que por momentos roza la abstracción. Los cuerpos, o fragmentos de ellos que se concentran en el protagonismo de los órganos sexuales, se presentan con retadora frontalidad o en escorzos buscados para hacer explícita la relación entre los cuerpos masculinos y femeninos.

Quizás, las soluciones más interesantes se encuentran en aquellas obras donde el pene deviene casi una insignia, un símbolo patrio; camuflándose entre el azul y el rojo de las franjas de una bandera, o erigiéndose en efigie central en la que el glande aparece como mástil o gorro frigio alegórico en el escudo nacional. O en aquella pieza donde la silueta de espaldas de una mujer abre sus glúteos para ser penetrada por una masa colectiva de falos organizados, perfectamente ordenados en una marcha anónima, roja -tal vez proletaria, tal vez revolucionaria-; un ejército de penes en los que todos son “iguales”, donde el cuerpo ha perdido su individualidad, su subjetividad, en el concierto épico de una Revolución que se “folla o singa” a su pueblo, que lo somete con la violencia de una embestida machista y el forcejeo patriarcal. Si tendemos un vínculo además con las siguientes series del artista durante esta década -me refiero a Palmas I, II y III-, no podemos sustraernos a potenciar esta lectura donde el cuerpo femenino deviene patria, hogar, nación, en el discurso crítico y la iconografía sexopolítica de Jorge Carruana Bances.


 

12 Slides da Cuba

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Jorge Carruana Bances en su estudio de Circonvallazione Gianicolense 204, Roma, donde trabajó entre 1971 y 1992. Sobre las paredes se pueden ver algunos bocetos de las obras incluidas en la exposición 12 Slides da Cuba (1977).

En junio del año 1977 el artista presentó en la Rondanini Galleria d’Art Contemporanea (Piazza Rondanini 48, 00186 Roma) la exposición individual 12 Slides da Cuba. La muestra fue introducida por el crítico de arte Maurizio Fagiolo dell’Arco y reseñada por el crítico Vito Apuleo.

Esta alegre fiesta de “animación” que Jorge Carruana propone en su exposición personal en la Galería Rondanini suscita dos reacciones. La primera, la más inmediata, se basa en una especie de alegre participación en la lectura de un cómic imaginativo que desmitifica el erotismo traduciéndolo en ritmo que recuerda el cartoon.

La segunda reacción, en cambio, contiene una componente más reflexiva, basada en el análisis de una no menos imperceptible componente de radicalismo (…).

El erotismo en el fondo pierde dramatismo no por convicción, sino por la fuera del exorcismo. Sin embargo es siempre desde el laberinto de la memoria que parten sus acciones y esta evidente insistencia de movimiento dentro y fuera de los límites de la puerta y de la ventana, con una referencia freudiana fácilmente legible. Es un modo de llamar la atención que a mi parecer el artista escoge para alejar sus fantasmas y no quedarse con su propia soledad.

(…) Sus personajes visten siempre los trajes del mimo y parecen constantemente dispuestos a volver a entrar en escena después de haber salido, para sufrir la irrupción de la acción escénica no por error de ellos, sino del director. El resultado es una alegre y sin embargo trágica confusión que es, después de todo, la constatación de un estado de ánimo.

(Vito Apuleo, “Una feroz, alegre agresividad, en la fiesta de animación de Jorge Carruana”, en La Voce Replublicana, 1977.)

… Es raro encontrarse con una pintura tan colorida y al mismo tiempo tan motivada.

Se debe inmediatamente descartar la tangencia con resultados nuestros (Adami, Tadini) porque es distinto el punto de partida, la motivación, el abono cultural del cual nace. Una pintura alegre y al mismo tiempo rigurosa que se explica solamente con dos motivos cubanos: la gráfica impertérritamente alegre del poster, la práctica (que Carruana ha ejercitado por años) del film de animación.

El empeño no es forzosamente engagement, la búsqueda no puede ser tout-court propaganda, la publicidad puede convertirse en pintura para ojos límpidos.

Es necesario haber leído Nietsche para entender esta pintura “Humana, más que Humana” que sin embargo da inicio al nacimiento de la tragedia: su “creencia en la embriaguez” como fé en descubrir la verdad, su “facultad visionaria” como apertura a la fantasía, y sobre todo “nuestro derecho a nuestra locura”, la única forma posible de libertad que se concede al pequeño pobre hombre twentieth-century (sin rugido final).

Hoy Carruana descubre Italia y sus mitos de retorno (así como Colón en definitiva descubrió su isla en las Antillas Mayores un lejano 27 de octubre). El color que es en esta pintura el start y la meta, es el mismo de la ardiente tierra neo-española: el entrelazarse de imágenes diversas aparte que sobreposición espacio-temporal es la típica “forma-mentis” del “creolo”.

Es entoces que se acumulan (para mestizarse) las imágenes del sexo y la publicidad, la visión de un mundo reflejado (espejismo) y la interpretación de “alegres trópicos”. Una especie de “alegre ciencia” por manos de un artista que cree que para hacer revolución se puede ser barbudos sin la obligación de ser aburridos (si puó anche essere barbudos senza l’obbligo di essere barbosi…).

Maurizio Fagiolo dell’Arco, Roma, junio de 1977.


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Jorge Carruana Bances en su estudio de Circonvallazione Gianicolense 204, posando delante de una de las telas de la exposición 12 Slides da Cuba (1977).