2017_Retrato Colección Arte al Límite

Rostros que desean, caras que se ocultan

Craig Wylie, MD(ripple), 2013, oil on linen, 40 x 50 cm
Fuente: http://www.craigwylie.com/portfolio.html

No fue un género primado en las jerarquías establecidas por las academias europeas para definir la importancia de los temas dentro de la pintura; sin embargo, el retrato ha logrado persistir como una de las categorías cuyas taxonomías estéticas e históricas han trascendido varios siglos hasta adquirir un impulso renovado con el nacimiento de la fotografía en la primera mitad del siglo XIX. De carácter simbólico o alegórico, como representación del estatus social del comitente, en tanto documento de denuncia política, o apenas una recreación hedonista, cualquiera que sea su función, el arte de representar la figura humana -individualmente o en colectivo- ha expandido sus límites y desdibujado sus atávicos preceptos académicos para insertarse con sentido crítico en la plural construcción de la imagen dentro de la cultura visual contemporánea.

Esa condición poliédrica del “retrato” –llamémosle así sin ceñirnos a una lectura historicista ni a ninguna definición del género- respecto a sus funciones y valores en el imaginario del presente, se ha complejizado en la medida en que los propios lenguajes artísticos y contextos del arte han creado fisuras en sus fronteras tradicionales. Hay que entender estas representaciones como parte de los movimientos geopolíticos y las deconstrucciones operadas sobre los ideales excluyentes, eurocéntricos y heteropatriarcales del sujeto moderno; como revisiones de los modelos afirmativos y positivistas que clausuran las identidades en un intento por signarlas como formas fijas y unívocas dentro de relaciones de poder en el sistema mundo moderno/colonial de género.

Camilo Matiz, TAKE A SELFIE / FAKE A LIFE, neon, glass, power unit
Fuente: http://galeriacasacuadrada.com/?galleries=camilo-matiz

Esa performatividad de la imagen que juega a desdoblar los intrincados pliegues de las subjetividades que habitan los escenarios glocales, nos enfrenta a una galería de rostros cuyas expresiones dan cuenta de los imaginarios históricos de la violencia. Son pieles marcadas por ficciones científicas, biologicistas y orgánicas. Muchas de esas miradas que interpelan desde los lienzos, las pantallas o las fotos, conllevan una deconstrucción de arquetipos de género, sexuales, etno-raciales, religiosos, ideológicos, de clase, etc., que involucran los cuerpos en discursos sobre los afectos y las marcas bio(geo)políticas de la vida hoy. Ejemplos de ello podrían ser los retratos de mujeres activistas por los derechos humanos en China realizados por Gisela Ràfols, las apropiaciones de las fotos de Walker Evans en la obra de Gertrudis Rivalta para hablar de su condición de mujer afrodescendiente; los viscerales retratos hiperrealistas de Craig Wylie o los personajes híbridos salidos de las ficciones góticas y las peculiares tribus urbanas que pueblan las mitologías lúgubres de Ramon Vieitez.

En algunos casos, las imágenes devienen en auto-representaciones que tienen como trasfondo un pensamiento sobre el lugar y la función social del artista en nuestras esquizofrénicas sociedades o una reflexión subjetiva, como en algunas series fotográficas de Gisela Ràfols; o en la auto-proyección de su subjetividad en la documentación fotográfica que hace Diego Beyró de su encuentro sexual con una joven contactada a través de Tinder en el proyecto Scarlett. Estas representaciones tampoco son ajenas a la explosión y democratización de formas de auto-exposición a las cámaras y las pantallas que han acompañado el crecimiento exponencial de las tecnologías digitales. La recurrencia narcisista de la imagen propia en medio del caos y la saturación de píxeles a la que las retinas se enfrentan en la sociedad contemporánea -pulsión que podría comprenderse como una necesidad de autodefinición del yo-, ha acabado siendo una parte esencial de las estrategias discursivas y morfologías del retrato contemporáneo. En esa dialéctica sobre la ilusión de la imagen de “sí mismo” se pudieran localizar los juegos que traza Camilo Matiz en sus instalaciones con textos y espejos donde el espectador queda inmerso en una red especular del yo. Interesantes son también las maneras en que los pintores están pervirtiendo la tradición del género, despojándose del lastre del realismo y redefiniendo los códigos del expresionismo y la abstracción en propuestas que fragmentan, enmascaran, velan o desarticulan cualquier atisbo de mimesis y naturalismo en la inaprensible voluntad de describir la psicología humana, tales son los casos de Ryan Hewett, Jimmy Law, Lídia Masllorens, Tully Satre o Karim Hamid.

Tully Satre, Thank God for Kako, 2017, oil and acrylic on canvas, 19 x 12.75 inches
Fuente: http://www.tullysatre.com/en/work.html

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s