2003_Tonel

Como Penélope: maneras para tejer y destejer el mito.

Anoté cómo se puede ser a un tiempo frugal y desmesurado.

Y me gustó el engaño: son las ficciones del arte, que sólo los tontos o los distraídos

percibimos como el calco simplón de cuanto no es el arte.

Qué media realmente entre la historia y la utopía, cuando una lleva ineludiblemente a la consumación de la otra, y por ende, a su pérdida; mientras que sin la segunda la primera jamás llegaría a ser. Tal vez  sólo el acontecimiento marque los límites difusos en los que éstas se encuentran y  se separan. Acaso ni el acontecimiento pueda asir la voluntad ficticia en que desde siempre ambas se han consumado. Detrás, a lo mejor sólo podemos encontrar las marcas de un romántico. Algunas huellas, casi insignificantes, de alguien que persiste en encontrar maneras de narrar, más allá de los dogmas de la “realidad” y los atavismos de “lo relevante”; de aquel que se aferra a enmascarar sus sueños con el empaque de ciencia de la historia, con el rebuscamiento de las evidencias que den fe de metodologías cruciales para el descubrimiento, y que son, a fin de cuentas, las estrategias para una construcción.

Con ese espíritu romántico parece existir Antonio Eligio Fernández, desde hace mucho empeñado en la odisea de hacer pasar gato por liebre, haciéndole loas al gato y desmintiendo la existencia de la liebre. De ahí que no haya en sus obras más formalismos que los de la necesidad, y que lo aparentemente frugal y corriente sea entronizado, pero sin travestismos auráticos. Por ello él da testimonio de un tiempo y de un espacio que le ha tocado vivir, sin apelar a la épica grandilocuente de una Historia donde las mayúsculas resumen toda su intencionalidad.[i]

Llegó entonces Tonel con una Conversación con “la primera carga…”[ii] para seguir  construyendo ese particular libro de historia que puede ser el de tantos otros. Quiso referirnos aquellos hechos, momentos, visiones, que han conformado su particular imaginario, el conjunto de fetiches desde el que se han fundado algunas medulares ideas sobre el mundo y la existencia, aquellos referentes a los que continuamente debe apelar para reconocerse a sí mismo y aportarle algo de ¿verismo? a los tiempos y a los espacios que ha vivido. Posiblemente, esa incontenible vocación por atar los cabos sueltos hasta en sus más extremos detalles, lo haya convertido en un arqueólogo meticuloso que busca hilvanar su historia a partir de vestigios que resuelve desde el absurdo y la ironía.

No en balde la galería devino un peculiar gabinete de arqueología, donde todos los datos son confirmados por el objeto, y donde todo referente se convierte en una paradoja congruente y disparatada. Sin embargo, es tal el simulacro, que muchos podríamos caer en la trampa de la confianza, pese a tanto entrenamiento deconstructivo, precisamente por resultar tan descabellada la “realidad”, tan ajena en sí misma a la lógica de lo cotidiano. De manera que no ha de extrañar a algunos, que en un recóndito suburbio habanero apareciera un contemporáneo Matías Pérez queriendo remedar la aventura espacial de conquistar el cosmos, teniendo por nave un amasijo escultórico de chatarra reciclada, unos cuantos mapas y mucha voluntad.[iii] Si comparásemos algunos de los episodios más notables de nuestra historia, comprobaríamos que el disparate ha sido una constante estrategia para la subsistencia, y que sólo el azaroso éxito le ha convertido en Historia, adjudicándole el status originario de utopía. Si revisáramos con atención las salas inertes de los museos de historia, nos percataríamos de la semejante ordinariez axiológica que reviste el emplazamiento de las pertenencias y objetos de los “héroes”, de los protagonistas de la Historia, en tanto dato que avala el discurso erigido sobre sus figuras. La metodología paralela de Tonel, esa conversión de una instalación en un recinto museístico que posibilita la reconstrucción de una historia cualquiera a partir de documentos, cartas, fotografías, y cosas, de cientos de artículos que tal vez yacieron antes en un basurero, indica que toda fábula es posible, inocula la sospecha sobre el propio carácter instalativo que emana de aquellos espacios encargados de la consagración de la Historia.

De alguna manera, y lejos de toda epopeya épica, para Tonel parece que la historia se está escribiendo continuamente desde los márgenes desperdigados de las culturas:

Para hacer la lista menos aburrida menciono sólo a algunos de los más notables, entre mis invitados: “María Antonia”, en la versión de Sergio Giral; Fernando Ortiz e ilustraciones de su “Contrapunteo…”; Juan Formell y Los Van Van; Lázaro de la Torre e Industriales; José Luis Cortés y NG la Banda. En la instalación “Héroes de Baikonur” tuve a bien trabajar con Mayakovski, mi abuelo Antonio y mi abuela Carolina, Lenin, Gramsci, otros amigos y otros ingenieros.[iv]

Sin embargo, la escritura no basta cuando la falta de memoria es tan inmensa que logra mellarlo casi todo, cuando la gente está anhelando continuamente despojarse de esa mirada autoinfligida que se convierte en el residuo de una toma de conciencia y el reconocimiento de quiénes somos y por qué. Ante el escepticismo, no resulta suficiente la sagacidad de la narración, el ingenio debe convertirla en un lente que enfoque el asombro para seducir al desilusionado. Posiblemente esa se convierta en la última táctica para preservar las utopías, para seguir «viviendo del cuento».


[i] Quienes recuerden varias de las obras paradigmáticas de Tonel –conste que hablar de paradigmas en este artículo es casi oprobioso-, convendrán en aceptar que han sido algunas de las más rotundas metáforas sobre la historia cubana, desvelando desde el fragmento ridículo de un bloque de concreto, o de una figurilla de yeso, toda la dimensión ontológica de la insularidad y de la búsqueda de identidad, multiplicadas en un Mundo soñado que repite hasta la saciedad la silueta de nuestra topografía a través de un mapamundi que reivindica la “cubanidad” al tiempo que la desacraliza y borra.

[ii] Conversación con ”la primera carga”. Exposición de Antonio Eligio Fernández (Tonel) en la Galería La Casona, Ciudad de La Habana, julio del 2003. Véase además el pertinente y agudo texto Antídoto contra los iceberg, que en torno a la exposición hiciera Héctor Antón Castillo. Tabloide Noticias de Arte Cubano, No.7, jul., 2003, p.3.

[iii] La instalación Héroes de Baikonur reconstruye el proceso de gestación de un supuesto proyecto de viaje espacial periférico y povera.

[iv] Antonio Eligio Fernández (Tonel): “Acerca de mis conversaciones con “La primera carga…” y de otros diálogos.”, en Catálogo de la exposición Conversación con ”la primera carga”. Galería La Casona, Ciudad de La Habana, julio del 2003, s.p.

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