2004_Gertrudis Rivalta

De la serie FnimanievQuinceañera con Kremlin, 2003, carboncillo y óleo sobre lienzo, 198 x 160 cm
Imagen cortesía de la artista

La obsesión perenne, Gertrudis Rivalta frente a la Historia*

Gertrudis Rivalta vuelve a la carga, la suya es una pelea contra los demonios de la Historia. Hasta finales de noviembre permanecerá abierta la exposición Fnimaniev!!, que reúne pinturas, dibujos y un vídeo de la artista en la Galería Aural de Alicante. La muestra ratifica la pertenencia de esta artista a un conjunto de promociones que emergen desde principios de los años noventa en Cuba, y cuyos discursos, en muchos casos, portan una voluntad neohistoricista que se enfrenta críticamente a múltiples enfoques legitimados de la Historia y la Historia del Arte.

Series anteriores de Rivalta paneaban la iconografía del fotógrafo Walker Evans para recontextualizar y reinterpretar la visión y representación del negro como sujeto social en el arte cubano. Precisamente la discriminación y la existencia supuestamente solapada de expresiones de marginación racial en la sociedad cubana contemporánea, es una de las problemáticas históricas que más interesan a esta creadora como objeto de estudio. Desde su reconocimiento, ella pretende activar una reflexión abierta y contundente sobre las laceraciones que ese lastre deja en el modelo de un proyecto social que trata de ignorar la existencia de males ancestrales como el racismo.

En esta ocasión la artista insiste en analizar el repertorio de motivos visuales que en décadas recientes han sublimado las líneas de un modelo oficial popularizado, la imagen del «deber ser» de los sujetos sociales integrados al proceso de transformación social revolucionario. Como lúcidamente apunta Kevin Power:

Rivalta ha concentrado su atención en la situación de la mujer cubana en los años sesenta y principio de los setenta, es decir, dentro del marco eufórico de la Revolución. Esta situación de la mujer cubana sirve de índice para un fenómeno sociológico más amplio. Las imágenes de Rivalta revelan las pautas de comportamiento que caracterizaron aquellos tiempos y que construirían los principios sobre los que se basa la sociedad cubana y, en buena medida, muchos de los cambios que han tenido lugar en el terreno socioeconómico.[1]

Paradójicamente, esos paradigmas institucionalizados y mitificados desde el Poder, sospechosamente traducen insistentemente las marcas de una conciencia discriminatoria hacia la imagen del negro, atada desde el momento colonial a una suerte de epopeya de blanqueamiento que tuvo sus inicios en la misma plantación y en el dilema sexual de la dominación entre esclavista y esclavo. Al respecto, basta un repaso al entramado de conductas cosméticas habituales de muchas mujeres en Cuba, para comprobar la asunción subconsciente de tantos estereotipos instrumentados por la presión social del modelo del Otro. En ese sentido, una deliciosa anécdota de Rivalta es tomada por Kevin Power en su texto para referir el absurdo de la moda del uso de lazos – importados de la Unión Soviética- en el trópico, por las niñas cubanas durante decenas de años, aunque ello significara para las madres poco menos que una encarnizada batalla en las tiendas para su obtención, o pactar con el tráfico de las rusas. Elementos tan cotidianos y por comunes apenas imperceptibles, constituyen la sumatoria de miles de detalles sobre los que pende el filo del estigma de la mirada del Otro.

Posiblemente sea la obra de Gertrudis Rivalta uno de los pilares de los discursos de género en el arte cubano contemporáneo, que analizan la imagen y los roles de la mujer en una sociedad donde el sujeto femenino ha estado en el centro del planteamiento de reivindicaciones del proceso revolucionario. Justamente dentro de las transformaciones concebidas por el proyecto social posterior a 1959, el protagonismo de la mujer en diversas esferas de la vida nacional ha encarnado una de las grandes utopías cubanas de los últimos años. La misma ha tenido que sufrir una de sus embestidas mayores precisamente en la década de los noventa, al desatarse la opción de la prostitución como una alternativa femenina –incluso familiar- ante la grave crisis económica del país. No en balde, se ha potenciado la representación de la mujer como objeto sexual, y especialmente se ha reactivado la imagen de la mujer negra o la mulata como fetiche y mito erótico.


*Este texto fue publicado originalmente en el diario electrónico Encuentro en la Red el 18/11/2004 bajo el título: “La obsesión perenne”. 

[1] Kevin Power. Gertrudis Rivalta: imágenes de un mundo imaginado. 2004, s.p.