2004_Juan Linares

La trampa de las subversiones.

Nada hay nuevo bajo el sol: pudiera ser una expresión asociada a uno de los sucesos que deparó el final del 2004, la censurada exposición de Juan Linares en el Espacio F del Mercado de Fuencarral. Dicha muestra iniciaría un proyecto comisariado por el dueto los29enchufes, que posibilitaría la intervención de un contexto mediatizado por connotaciones comerciales. El usual criterio de galería de acogida de una obra cuyos discursos se mantenían con independencia de la naturaleza del lugar, sería subvertido por la puesta en escena de un experimento sociológico en el que Espacio F activaría una prolongación del sentido general del Mercado de Fuencarral.

La propuesta de Linares consistió en el ofrecimiento a través de los puestos de venta del Rastro, y de la sección de clasificados del periódico Segunda Mano, de una plaza en la mencionada área comercial durante el tiempo de su exposición. Finalmente el artista concertó con la Familia Bermúdez –que tiene un punto de venta de jeans en el Rastro- la cesión del Espacio F durante un mes para el ejercicio de su actividad mercantil. El resultado fue la censura por parte del poder económico, al oponerse el resto de los negocios a la presencia de comerciantes cuyos productos podían ser ofertados a precios mínimos como efecto de la exención del pago de alquiler del sitio. La disquisición sobre los límites en la evaluación de lo artístico, así como su dependencia del contexto de circulación, ha sido uno de los debates más antiguos de la teoría de la cultura. No ha de extrañar entonces que la extrapolación de un producto al campo del arte, no implique su competencia per se, y la percepción legitimadora de los actantes de otro campo cuya lógica se ve epatada.

Resistir seduciendo hubiese fungido como una estrategia de diálogo para quizás arribar al consenso. Perder la ingenuidad era el reto al comisariado de los29enchufes. Prever deviene continuamente la carta de triunfo de propuestas con algún sentido alternativo, sobre todo en aquellas articuladas dentro de espacios públicos o sociales donde los márgenes establecidos institucionalmente para la circulación de lo artístico se difuminan. En ese caso era además una toma de responsabilidad ética ante las implicaciones de un proyecto en franco paralelismo con el signo de un contexto extra-artístico; con los artistas invitados y, principalmente en la propuesta de Linares, con los sujetos involucrados directamente en la obra. Una vez más se comprueba la importancia que revisten las funciones del comisario como mediador y pedagogo. Lamentablemente la censura y el disenso confirman la utopía que conlleva tratar de resquebrajar el perímetro del arte marcado por el sentido común, que sabemos no es el mejor de los sentidos.

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