2004_Exposición Yo xxxxx

Deseos delatores: el pubis de una ciudad.

La Galería KA presentó Yo, xxxxxx, puta, en invierno, de madrugada, en la Casa de Campo (Instalaciones en torno a la esclavitud sexual), muestra comisariada por Ana Robledillo, en la que se transpira la idea de que en cualquier instancia el arte no debe abandonar el sentido de responsabilidad que necesariamente posee frente a la realidad circundante.

Pese al contraste entre piezas sagaces, y otras cuyo carácter lúdico no llega a congeniar la suficiente ironía para poner el dedo sobre la llaga de la prostitución y las condiciones infrahumanas en las que tiene lugar -es el caso de las estufas calefactores para exteriores de Manuela Moscoso-, Yo, xxxxxx… dirige la atención del espectador-cliente-ciudadano hacia una de las zonas más escabrosas y polémicas de la actualidad madrileña. En ese sentido utópico de fabular un contexto físico ideal para el ejercicio de la prostitución, se encuentra Proyecto Bidé de Santiago Cirugeda, ingeniosa instalación-maqueta cuya percepción nos obliga entre complacidos y avergonzados a sentarnos sobre un bidé y ver el simulado trasiego de cuerpos concupiscentes y obscenos a través de un vídeo. Nosotros mismos remedamos el gesto diario del voyeur que entre lascivo, anhelante y repugnado observa las prostitutas.

Más allá del resultado expositivo de la instalación El rincón de Neila II, es interesante la narración que sobre el proceso de investigación para la obra realizó el colectivo 3×2. La contratación de los servicios de una prostituta ecuatoriana y el diálogo con ella a partir de una entrevista en la que ilusión y realidad fueron contrastadas, posibilitó sacar a la luz al ser humano común que existe tras la imagen estereotipada de la percepción cotidiana de esas mujeres. Mientras que la propuesta de Paula Rubio (un calendario y postales pornográficas donde la artista se autorrepresentaba) trazaba un paralelismo entre mercado de arte y mercado del sexo, denunciando que el signo de la prostitución pende como una espada de Damocles sobre el sujeto femenino, independientemente del objeto o el producto a vender, y que no necesariamente implica sólo el cuerpo.

Quizás las obras de Rubio y Cirugeda se conviertan en las metáforas más rotundas de la exposición, desde una perspectiva de género, o enfrentándonos al espejo social de una crítica hacia nuestros prejuicios, la prostitución deviene un bumerang que no nos exime de culpa y mucho menos nos convierte en víctimas. En todo caso siempre seremos responsables de su existencia y como tal debemos asumir sus consecuencias, encarnar de algún modo la actitud del «artista-ciudadano» que detecta José Marín-Medina, y reflexionar más que ignorar.

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