2005_Cirenaica Moreira

Cirenaica Moreira, viaje al reino de la ilusión y el absurdo*

La Octava Bienal de La Habana (noviembre, 2003 – enero, 2004) tuvo entre sus eventos colaterales una acción de la artista Cirenaica Moreira -auspiciada por la Oficina Cultural de la Embajada de España en Cuba, la AECI, la Fundación Ludwig de Cuba y la Casa de las Américas- que consistió en la simulación de una fiesta de quinceañera en la Casa de la Música de Centro Habana. La artista retoma ese motivo en la exposición Sueños humedos, que desde el 20 de enero y hasta el 29 de febrero se está presentando en la galería La Casona. Fotografías e instalaciones recogen un imaginario popular asociado a una celebración que en Cuba ha devenido paradigma de las aspiraciones familiares de la población; y que ha sido objeto de representación en largometrajes (El Vals de la Habana Vieja, 1989, Dir. Luis Felipe Bernaza), cortos (Dos hermanos, 2002, Dir. Tamara Morales), y en la obra de otros artistas visuales como el grupo 609, Gertrudis Rivalta, etc.

Sin lugar a dudas, la importancia del evento que encarna el arribo de las adolescentes a la edad de 15 años, la metáfora vital que implica un supuesto tránsito de la niñez a la etapa adulta; los festejos relacionados con la fecha como herencia de los intercambios sociales burgueses prerrevolucionarios, son elementos que se han convertido en un rasero  de las relaciones mutantes que tienen lugar en el espacio público y privado desde hace más de cuarenta años. La fiesta de quince sería entonces uno de los tantos signos populares que posibilitan distinguir las fases por las que ha atravesado la Revolución cubana y la sociedad insular, momentos que oscilan entre una ficticia sensación de bienestar y las más profundas crisis materiales.

Se trata de un referente que denota una serie de conductas en las que se encuentra afincada la balanza del prestigio social dentro del consciente colectivo; un acontecimiento que ha establecido tradiciones que han perdurado en medio de los avatares económicos que se experimentan. Sólo desvelando la connotación mítica que posee la celebración del decimoquinto aniversario de las muchachas, podría entenderse la persistencia de costumbres como la preparación de  una bebida como el “aliñao” tras el nacimiento de las mismas, y que se almacena y conserva frente al paladar lujurioso de los catadores, para ser descorchado únicamente en la fiesta de quince de la homenajeada.

Es una ocasión que posibilita hacer las lecturas tanto de los registros de la cultura popular como de los recorridos de la historia de una nación. En este sentido, Sueños humedos se convierte en una mirada paradójicamente crítica y enaltecedora de las condiciones sociales y económicas en las que se mantiene la mencionada práctica, que de algún modo simboliza la naturaleza casi imposible de los anhelos secretos interpretados en la humedad de los trayectos oníricos personales. Por un lado el absurdo sacrificio de las familias, y especialmente de las madres trocadas en heroínas épicas, que anteponen la primacía de un día específico a la angustiosa carrera por la subsistencia cotidiana. Por otra parte el reconocimiento a la voluntad del ser humano de no desistir en el empeño de obtener al menos una ínfima porción de felicidad en la consumación de sus pequeñas utopías particulares.

La realidad, el reflejo de una sociedad caótica y en crisis que ha instituido una práctica cultural en tanto retórica del prestigio social popular, signo de la especulación del status económico de la familia que se ve obligada a rendir cuentas de su legitimidad frente a la mirada promiscua y evaluativa del vecindario, frente a la rapiña de todos los que observan en el hecho la oportunidad precisa para saciar las apetencias más elementales, y el momento de simulación en el que por unas horas parece olvidarse la precariedad de la existencia habitual.

Cirenaica se ha travestido de quinceañera, el recorrido documental que ha seguido durante meses para registrar la sofisticación de una práctica que ha establecido un segmento de mercado y negociación, le ha llevado a descubrir la emergencia de roles sociales y económicos que generan una subcultura de la representación en torno a la fiesta de quince y el kitsch popular. Maquilladoras, estilistas, costureras, fotógrafos, coreógrafos, etc., constituyen la fauna que nutre el bosque encantado de la celebración, donde no falta el remedo teatral de cuentos y fábulas infantiles donde el centro narrativo es la princesa; ni tampoco el carruaje convertido en coco-taxi, panataxi o “almendrón”. Ya se sabe que “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

De cualquier modo, Sueños humedos resulta una crónica de un segmento de la sociedad cubana actual que se debate entre la miseria y la esperanza, representa las costumbres pseudo-burguesas que aún conserva el «hombre nuevo», y que exalta el conjunto de «nuevos ricos» que ha nacido de las irregularidades económicas de un período de crisis. Para nadie queda oculto el derroche monetario que existe tras una buena parte de esas festividades, cuantificado en miles de dólares que significan en unos casos un capricho perfectamente posible, en otros la agonía de millones de mujeres que como madres y adolescentes tratan de alimentar su ego, aunque sea con las migajas de un montaje teatral que convierte su mundo rutinario en el escenario del goce instantáneo.

Esta exposición significa una nueva mirada social y de género en la obra de Cirenaica Moreira, que en este caso se aparta de su habitual poética, más centrada en los alcances estéticos de la imagen fotográfica y el tratamiento del cuerpo femenino como objeto de representación. La artista vuelve su mirada otra vez hacia el entorno de la mujer, aunque ahora intente repasar las maneras en que se construye el imaginario social sobre la legitimidad del sujeto femenino en Cuba. Penetrar en el universo de los sueños y las aspiraciones de la adolescencia, en un área de restricciones y anhelos, voluntarios o condicionados, contribuye a focalizar un perímetro de la sociedad cubana sumamente problemático y más susceptible de experimentar transformaciones de valores éticos y mecanismos de supervivencia en un contexto difícil. Sueños humedos viene ,quizás, a aplacar la sequía de la realidad diaria.

*Este texto fue publicado originalmente en el diario electrónico Encuentro en la Red el 28/04/2005 bajo el título: “La fiesta de quince y el kitsch popular”.