2005_Orgullo Gay 2005

Orgullo e igualdad más allá del naufragio cubano*

El jueves 30 de junio se aprobó en España la Ley del Matrimonio Homosexual, lo cual deviene otro paso democrático hacia la igualdad de derechos de los ciudadanos en la sociedad. Con ello, la anual y ya histórica celebración del Orgullo Gay en Madrid, tuvo en esta ocasión un motivo adicional y de raigal importancia para organizar su expresiva Cabalgata. El sábado 2 de julio, desde las seis de la tarde, el centro de la ciudad se llenó de colores, de un espíritu festivo y una voluntad de reivindicación que contagió a gays, lesbianas, transexuales, heterosexuales, políticos y gente de a pie, unidos todos por el respeto y la tolerancia mutua.

Una veintena de carrozas formó parte de la elocuente marcha, al frente, en el carro del PSOE, junto a las banderillas del partido y a la bandera del arco iris, sobresalían los colores blanco, rojo y azul de una bandera cubana, cuya presencia resultaba llamativa, inquietante, pero sobre todo retadora. A esa insignia se sumaban otras banderas cubanas que emergían de la multitud de personas que desfilaban por el reconocimiento de derechos, por el alcance de una sociedad que no viole principios básicos de igualdad entre los seres humanos, por la libertad de expresión y de acción.

La primera idea tras esa visión rebelde que encarna una bandera cubana en la cabecera de un desfile del Orgullo Gay, constata ese arrojo de los cubanos de abandonar la Isla en busca de un espacio utópico, que alcanza su concreción en esos perímetros de libertad que proporcionan las sociedades democráticas. A ello se une esa capacidad –a veces molestamente chovinista- de hacerse notar, de marcar y dejar huellas de una presencia a través de signos culturales y símbolos que aluden a la condición cubana. Pero más importante es vislumbrar en ese gesto de resistencia, las miles de voces que en Cuba continúan siendo «subjetividades laterales» por su condición sexual, condenadas a cotas de marginalidad y repudio que no escapan a la censura punitiva del Poder del Estado.

Un paralelismo imaginario de este Orgullo Gay 2005 que recién se vivió en Madrid, nos trasladaría a un espacio y un tiempo futuros de transición difíciles, porque el entrenamiento popular en el diálogo y el consenso tras tantos años de ostracismo en una sociedad falocéntrica y  machista per se, implicaría que la diferencia, como status “marginal”, no terminaría con el régimen, y seguiría habitando en la conciencia homófoba de millones de cubanos.

No obstante, el Orgullo Gay 20XX en Cuba, seguro iniciaría su desfile en el Parque Central, junto a la estatua del Apóstol, quizás como un guiño histórico del destino a aquella ocasión en Chikering Hall en que coincidieron Oscar Wilde y Martí, el primero dictando una conferencia, y el segundo, anónimo en la distancia, escuchándole desde el público. Las diferentes carrozas, amontonadas unas tras otras frente al emblemático Capitolio, iniciarían su periplo con el saludo afectado de sus ocupantes al pétreo poeta, recordándole la reprobación que en sus artículos hiciese del artificio del Wilde, y agradeciéndole al unísono que reconociese y alabase en él la entereza de no pactar con la hipocresía de la Inglaterra Victoriana.

Bajando por el Prado, una estética camp se apropiaría de las fachadas de la ciudad ruinosa, travistiéndola en una escenografía carnavalesca, haciendo que los mismos anquilosados leones del Paseo rugieran como ese compañero de manada que pudo escapar a tiempo en la Lanchita de Regla para ser contratado por la Metro Goldwyn Mayer. El trayecto, plagado de personajes que parecerían salidos de los cuentos de Piñera, provocadores, carnales; virginales y apolíneos lezamianos; rocambolescos como los de Severo Sarduy; estupendamente obscenos y eróticos como los de Reinaldo Arenas, tendría una parada en el Malecón para que se representasen algunos fragmentos de El color del verano.

En ese Orgullo sería de rigor el homenaje a todas las voces que no sucumbieron a la represión homófoba. Por ello los transexuales serían como las geishas de Rocío García, otros participantes devendrían la encarnación de sus Hombres, machos, marineros, o la imagen clásica de los retratos de Eduardo Hernández. Pulularían los fisiculturistas de Franklim Álvarez, los desnudos de los collages de Raúl Martínez pertenecientes a la serie La conquista de América, las mujeres de los baños de Cuty. Todos fundidos en los abrazos hedonistas y andróginos de Servando Cabrera, guiados por el horario de los Perfect Lovers de Félix González Torres.

Siguiendo el recorrido, la multitud subiría por la Rampa, vitoreando su libertad en cada una de las esquinas donde décadas antes muchos fueron detenidos para ser conducidos a los campos de concentración de la UMAP. No faltaría el grupo de intelectuales donde perfectamente podrían estar muchos de los integrantes de distintas promociones de escritores y teóricos. Nombres como los de Ena Lucía Portela, Pedro de Jesús, Jorge Ángel Pérez, Víctor Fowler, Andrés Isaac Santana, Rufo Caballero, Jesús Jambrina, constituyen apenas el indicio de un coro plural e inmenso que se ha ocupado de representar y estudiar los modos de expresión del homoerotismo en tanto cultura de resistencia frente al modelo fálico de la institución cultural y política en Cuba. Obras documentales como Conducta impropia  de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, Y hembra es el alma mía de Lizette Vila, o Bocarrosa de Henry Eric Hernández e Iván Rodríguez; canciones como Marginal de Pablo Milanés, o Delicadeza de Carlos Varela, son tan sólo una pieza ínfima del puzzle de la diferencia nacional que encuentra sus ecos en la propia realidad y en el imaginario simbólico del cubano de siempre.

Por ahora festejar el Orgullo Gay Cubano dentro de la Isla, como acontecimiento digno de formar parte de la Historia insular que se escribe con mayúsculas, es pasto de la ficción. Sin embargo, el reclamo de esa realidad insiste en existir fuera de los márgenes del territorio nacional, en Madrid, o en cualquier lugar donde la diferencia se convierte en derecho humano y no en circunstancia para la alienación. Estamos justamente en el pórtico de una era de reivindicaciones y rectificaciones históricas necesarias. España ya lo está viviendo con la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo, con el reclamo final del desfile del Orgullo Gay 2005 en Madrid por la aprobación de la ley de identidad de género para los transexuales, y con la sentencia de no olvidar a los censores. 

* Este texto fue publicado originalmente en el diario electrónico Encuentro en la Red el 28/07/2005.