2006_Cuba en ARCO

No son todos los que están… presencia cubana en ARCO 2006*

Obra de Carlos Garaicoa en el stand de la Galería Elba Benítez, ARCO 2006, Madrid

Como ya es habitual, el ambiente artístico español tiene a principios de año una de sus citas imprescindibles en ARCO. En esta ocasión, la feria, realizada entre el 9 y el 13 de febrero y dedicada a Austria, además de los habituales stands de galerías dentro del programa general, y los Project Rooms (en esta edición comisariados por Agustín Pérez Rubio y Octavio Zaya), presentó otras secciones como On Youth culture, dedicada a propuestas artísticas que acontecen fuera de los márgenes institucionales del arte, como el graffiti, y que hallan su espacio en las urbes contemporáneas; The Black Box –presentando obras que emplean nuevas tecnologías en sus lenguajes-; y Cityscapes, la inclusión de galerías y artistas que confrontan el sentido local de una ciudad específica, con la imagen global que de ese espacio se posee.

Justamente las dos instituciones cubanas invitadas, Galería Habana y Los Oficios –las mismas que participaron en ARCO 2005-, se hallaban dentro del programa  Cityscapes. La primera, con obras de Diago y de Kcho, y la segunda, de Li Domínguez  y Lisbet Fernández. Emergen varias interrogantes cuando se piensa qué determina la selección de artistas participantes en certámenes internacionales por parte de las instituciones cubanas. En unos casos puede resultar obvio el nepotismo, en otros apostar al seguro con artistas de sobrada eficacia comercial en ciertos circuitos. En este sentido, llama la atención que junto a su inclusión en la nómina de autores representados en ARCO 2006 por parte del envío oficial cubano, obras de Kcho podían verse en los stand de distintas galerías, tales como la francesa Louis Carré & CIE, Joan Guaita de Palma de Mallorca -habitual en el trabajo con la obra de este artista-, y Polígrafa Obra Gráfica, de Barcelona.

Obra de Carlos Garaicoa en el stand de la Galería Elba Benítez, ARCO 2006, Madrid (detalle)

Como también se va convirtiendo en una costumbre, algunas de las propuestas más interesantes de arte producido por cubanos, son aquellas que presentan galerías extranjeras, como es el caso de la madrileña Elba Benítez con la obra de Carlos Garaicoa. En la sección Project Rooms, la galería berlinesa M:A Contemporary, incluyó una video instalación harto sugerente de Alexandre Arrechea, titulada Sudor. A propósito de esta obra, un statement que se situó a la entrada del Project Room, explicaba la condición analítica de la pieza, más allá de su evidente esteticismo:

La instalación Sudor surgió de una intervención pública que tuvo lugar en La Habana el viernes 13 de febrero de 2004. La intervención obedeció al deseo del artista de explorar las nociones de participación en aquellas actividades que se desarrollan y definen por el lugar donde están emplazadas. Arrechea intentaba convertir un espacio público asociado a una función concreta –en este caso, una cancha de baloncesto de una escuela primaria- en el espacio para un acontecimiento, una fiesta, que celebrara las habilidades deportivas de los jóvenes habaneros, uniendo al mismo tiempo diferentes estructuras o estratos sociales que están habitualmente excluidos de sus respectivos entornos sociales. La cancha de básket, concebida como investigación de la redefinición del espacio en términos prácticos, pero también sicológicos y emocionales.

La intervención inicial se vio afectada por un gran número de dificultades prácticas relacionadas con el contexto político y social de La Habana. Por ejemplo, para utilizar la cancha, el artista se vio obligado a aceptar una invitación formal que implicó la exclusión de muchas personas del propio perímetro del espacio.

En la intervención pública inicial, se proyectó sobre los tableros un vídeo de un partido de baloncesto disputado la semana anterior por chicos del vecindario, creando así el simulacro visual de un partido real que quedaría convertido en una especie de memoria flotante dentro del espacio. Los espectadores se encontraban ante un partido en el que no podían ver a los jugadores, sino tan sólo el aro y, a veces, la pelota, mientras una banda sonora emitía las voces y los sonidos de los jugadores mezclados con música popular de baile, invitando al público a danzar y a divertirse, redefiniendo así el propósito del espacio. La intervención atrajo a un público diverso. Sin embargo, las condiciones impuestas por las autoridades alteraron sutilmente el contexto emocional.

La “fiesta” estuvo en todo momento marcada por la posibilidad, siempre presente, de su clausura, lo que de hecho sucedió más o menos una hora y media después, demostrando que los espacios se definen por sus cualidades emocionales y psicológicas y también por la vivencia física y sensorial – sonidos, olores, imágenes, etc. –que proporcionan.

En este caso, la obra de Arrechea prueba algo que ya es una “verdad” dentro del campo artístico, y es que una propuesta eminentemente conceptual, independientemente de su morfología, como Sudor -donde lo primordial ha sido someter a tensión las dinámicas de diálogo o no diálogo entre las fuerzas institucionales y el imaginario popular-, no está reñida con circuitos en primera instancia comerciales, como los que constituyen las ferias. Cada vez más los formatos institucionales al uso, se tornan flexibles, y ARCO poco a poco va dando muestras de la movilidad de sus márgenes. Quizás de ello pudieran aprender algo las galerías cubanas –aunque no sólo éstas-, empeñadas en hacer de sus escasos metros cuadrados en las ferias un espacio con horror al vacío, falto de la mesura y la elegancia que tanto se agradece en contextos donde la visualidad queda per se sobredimensionada y el espectador no hace más que vagar agotado por los pasillos interminables. Quizás, pensar en políticas promocionales serias, regulares, contribuiría a fijar reales objetivos de trabajo, nada utópicos, por parte de las galerías cubanas ante este tipo de eventos.

Vídeo instalación Sudor de Alexandre Arrechea en la sección Project Rooms
Galería M:A Contemporary, ARCO 2006, Madrid

Al respecto, habría que esperar la evolución de la Galería Espacios, inaugurada el año pasado en Madrid, y dedicada íntegramente al arte cubano. La cualificación estética de la galería, que, aunque alejada del centro, cuenta con una nave amplia y excelentemente habilitada para las funciones de exhibición; el trabajo con una nómina fija de artistas –aunque demasiado amplia-; la primacía del concepto de comisariado en la programación, así como la heterogeneidad de poéticas provenientes de ese propio listado de creadores representados, pudieran intervenir en la consecución de un proyecto promocional y comercial coherente. Justamente Espacios, la Galería Carmen de la Calle (con una muestra colectiva de fotografía), el Show Room Cubaneando (con obras de Alexis Esquivel y David Beltrán), Madrid Abierto (con una intervención de Wilfredo Prieto), entre otros sitios y foros, han sido testigos de una presencia del arte cubano en Madrid, que rebasa durante febrero los pabellones de ARCO.

Lo interesante de esta cita que acontece fuera de las excluyentes fronteras insulares, es que permite que estén los de dentro y fuera de la Isla, sin el control institucional común. De hecho, en ARCO 2006 se podían encontrar obras de artistas como María Magdalena Campos (Galería Pack, Milán), Armando Mariño (Galería ADHOC, Vigo), Marta María Pérez (Galería Luis Adelantado, Valencia), entre otros. Y ello sigue siendo un aliciente para distinguir una producción simbólica nómada, resultado de los procesos migratorios y los exilios, que como signo de una sociedad fragmentada ha tenido en el arte su reflejo.

*Este texto fue publicado originalmente en el diario electrónico Encuentro en la Red el 22/02/2006 bajo el título: “No son todos los que están”. Accesible online: https://www.cubaencuentro.com/cultura/articulos/no-son-todos-los-que-estan-12624