2006_Exposición Asalto al cielo

Juan Carlos Alom, Habana Solo, 2000

Imágenes clandestinas: vídeo cubano en Barcelona*

Loop, la feria de videoarte que anualmente se organiza en Barcelona, acoge en esta ocasión obras de artistas cubanos como parte de la exposición Asalto al cielo. El proyecto, comisariado por Magali Espinosa, Wendy Navarro y Joaquín Barriendos, incluye trabajos de ocho artistas, en su mayoría muy jóvenes, que pueden apreciarse en distintas sedes institucionales y galerías que participan en el programa del festival. Mientras que el pasado 20 mayo, los comisarios de la muestra y los artistas Glenda León y Abel Oliva, sostuvieron una charla sobre las dinámicas de la videocreación  en la Isla.

Del 16 al 21 de junio los espacios del CCCB, DistritoQuinto, el Instituto Francés de Barcelona, SLDSTR, Miscelänea, la Fundación Caixa Catalunya y la galería Pagès Espai D’ Art, acogen la presencia del video cubano, con ese ánimo de subversión, lirismo, crítica e introspección que caracteriza las poéticas de algunos de los artistas que confluyen en la muestra, como el dueto Luis o Miguel, o Adonis Flores.

Entre los creadores incluidos en Asalto al cielo sobresalen Lázaro Saavedra y Juan Carlos Alom, artistas ya reconocidos que constituyen la referencia a experiencias pioneras en la utilización del video durante la década de los noventa en Cuba. Saavedra, a través de la documentación de acciones y performances, se adentró en la exploración de las posibilidades del vídeo como lenguaje correlativo al examen del tiempo y a la articulación de mecanismos de representación como instancias ilusorias y falseadas por el poder. Desde el mero uso documental del medio, ha ido transitando hacia la reflexión sobre el propio género del video y lo que encarna éste dentro del abanico de posibilidades tecnológicas de construcción y deconstrucción de los discursos.

Por su parte, Juan Carlos Alom, cuya obra se asienta en las fronteras difuminadas entre el documental y el cine experimental, y que despliega la maestría y la pericia del fotógrafo nato, se encuentra representado en la exposición por una pieza ya clásica dentro de su carrera, y que sin lugar a dudas forma parte de ese diapasón de imágenes emblemáticas de La Habana, que revela el mito de la bella ciudad al tiempo que estremece y sacude la memoria a través de un marcado realismo sin artificios. Habano Solo (2000 – 2003) concentra el virtuosismo del ejecutante que rinde tributo a su ciudad, un espacio maltrecho, derruido, lleno de escombros que son vestigios de tiempos de esplendor; pero a la vez se trata del amor por un paisaje donde se imbrican la gente y la arquitectura, en medio de procesos marchitos, para devolvernos sus rostros más amables. Una banda sonora meritoria, en extremo expresiva por el uso de los solos de importantes músicos como José Luis Cortés “El Tosco”, Frank Emilio, Tata Güines y Pancho Amat, entre otros; y una edición impecable por la consecución del ritmo coherente entre fotografía y música, que posibilita un viaje sensorial desde el más condensado realismo hacia episodios de una visualidad surreal.

También con una propuesta sobre la visión de La Habana, en este caso impregnada de un profundo lirismo, la obra Concierto (2006) de la joven Analía Amaya –quien se está convirtiendo en una de las creadoras más sugerentes de las últimas promociones de egresados del Instituto Superior de Arte-, nos devuelve la mirada de una ciudad embelesada en medio de su nocturnidad. El juego acompasado entre destellos lumínicos y música, convierten el vídeo de la Amaya en una obertura sobre la ilusión. Una ciudad de ensueño, oculta tras las sombras gráciles que deja su arquitectura silueteada en el horizonte. La agonía diaria escapa a estas imágenes que no renuncian a la voluntad de soñar y convocar una cita con la belleza.

Del mismo modo que Analía Amaya, abocada a la exploración infinita de las posibilidades de la poesía visual como expresión del sujeto, Glenda León se ha valido del vídeo para construir – como ella misma ha expuesto- “su propio mundo”. Se trata de un universo que da cabida a la sensación como guía de los sentidos y del conocimiento, desmarcada de las atávicas concepciones del saber moderno, dogmático y racional hasta el cansancio. Destino (2000), o Cada respiro y Suspensión (ambas del 2003), son obras de enunciados minimalistas, sin efectismos ni rebuscamientos intelectuales, se trata de una apelación a la capacidad de contemplar y de extasiarse en el acto de la percepción o la experimentación de la vivencia. Las imágenes en los vídeos de Glenda provienen de la sencillez y de la naturaleza bucólica de las pequeñas cosas cotidianas que llenan la vida del hombre sin que éste repare en el valor de sus mínimas pero elocuentes presencias. Un camino introspectivo que conduce al regocijo del espíritu y a la interrogación sobre lo que somos y cómo nos sentimos viviendo en el centro del tropel de las sociedades contemporáneas. Al final, dónde radica la satisfacción: parece susurrar cada obra de esta artista.

Dentro de una perspectiva diferente, que aboga por la crítica sociológica de contenido analítico sobre el signo de las sociedades actuales y los espacios urbanos de las metrópolis contemporáneas, Humberto Díaz (otro de los jóvenes artistas egresados del ISA en este milenio y cuya trayectoria es necesario seguir de cerca por el interés que reviste) explora la cosificación del individuo al introducirse y asumirse como sujeto manipulable por los mecanismos de control de la industria de la cultura y el poder. El video Ciudadano H (cruzando) (2005) metaforiza esa condición alienada del individuo autómata que ha incorporado la lógica de su subordinación al orden social prescrito desde fuera de su subjetividad. Al respecto, el propio artista declara en un statement:

“En (cruzando) obedezco ciegamente a la señal de tránsito sin importar que existan oportunidades para cruzar antes o después. Estas acciones, llevadas a un punto extremo, actúan como un índice de la falta de sentido que rige nuestra sociedad. El ciudadano H encarna a una persona común, que aparentemente se deja llevar por la rutina y que es absorbido por ésta, su obediencia es ciega, ridícula. Sus recorridos son como circuitos cerrados donde el principio y el fin se diluyen. La H es la letra muda que representa el anonimato.”

A través de esa exploración de la conducta del urbanitas de hoy, Humberto Díaz desvela cómo incluso las canónicas disposiciones del control y la vigilancia se han llegado a somatizar, al punto de convertirse en el código genético transmitido naturalmente para crear al sujeto subordinado por excelencia, el ente anónimo, ignorado, privado incluso de la capacidad de reacción que implica la supervivencia de la identidad particular.

Mientras que José Hidalgo, también dentro del ánimo de la investigación sociológica, en este caso más contextual a partir de su objeto de referencia, y con un comprometido sentido político, ha presentado Esperando el deshielo II. Cuentametuvida (2005). Al respecto, en el catálogo de la exposición se explica que esa obra “tiene como base el sistema de cuestionario que se ha puesto en práctica en Cuba para el control de sus ciudadanos al integrar las organizaciones políticas y de masas existentes en el país, así como para solicitar empleo, trámites migratorios, etc. Toma como referente los cuestionarios archivados durante años en diferentes instituciones cubanas. Los mismos eran denominados por la voz populis, y con un sentido peyorativo, “cuentametuvida”; teniendo en cuenta que dichas preguntas atentaban muchas veces contra la vida privada de las personas”.

Ese desdibujamiento prosaico y explícito de los márgenes entre el espacio público y privado que marcan los regímenes totalitarios, y específicamente el socialismo, convirtiendo a los actores sociales en miembros de un rebaño masificado y multiplicado como copia a través de la anulación de la subjetividad –al menos en teoría-, sirve a Hidalgo como laboratorio de aquellas experiencias de control desplegadas en la Isla. A través del gracejo coloquial, y esa suerte de resistencia costumbrista que manifiesta el cubano como estrategia de resistencia, devenida ironía, burla, chiste que recorre la oralidad popular; y el contraste de ello con la supuesta sacralizad de los artilugios burocráticos que se inventa el gobierno para el control, este artista realiza un guiño sarcástico a un orden dictado para ser continuamente violado y contravenido por el espíritu de la subversión. La crisis de una disciplina como la sociología en Cuba, sienta per se las bases para el descrédito de medios de control que sucumben ante el encanto y la perspicacia de la mascarada y el cimarronaje cultural generalizado en la población.

Asalto al cielo, en palabras de sus comisarios, trata de evadir el estereotipo de representación de “lo cubano” que ha sido tan habitual en múltiples exposiciones colectivas acontecidas fuera de la Isla y particularmente en España. El mero hecho de apostar por el trabajo con propuestas de videocreación, ya en sí comporta ese gesto de abrir un camino hacia los nuevos medios de representación y lenguajes que están desarrollándose en Cuba, si bien en el caso del video su todavía cercano debut, a mediados de la pasada década, le convierte en una zona susceptible a la exploración, a las insinuaciones ingenuas y a las soluciones precarias, salvo en el caso de algunos artistas que han dialogado consecuentemente con el medio, como pueden ser Raúl Cordero, Alexandre Arrechea, Luis Gómez, Ernesto Leal, entre otros pocos.

De cualquier manera, en ese sinuoso trayecto que discurre entre la utopía y la realidad, entre la poesía, la evasión, la confrontación y la denuncia, Asalto al cielo puede invitar al reconocimiento del video cubano como un medio que nace desde el status alternativo y lo estrictamente independiente en los predios del audiovisual en el campo de las artes plásticas. De ahí que su naturaleza esté marcada por las inmensas posibilidades de expresión que pueden escapar al control, tanto desde el punto de vista de la producción como de la circulación. En este sentido, de aquellas imágenes que se cobijan en lo onírico y la ilusión, así como de las que sin tapujos confrontan las tristezas de una demacrada realidad nacional, emerge un grito de resistencia, muchas veces silenciado, pero que no por ello deja de existir. Quizás, una de las metáforas más elocuentes que al respecto teje esta muestra, se halle en el final del Habana Solo de Alom, en el que un negro vestido de impoluto blanco, en una de las tantas azoteas de la ciudad desde la que se vislumbra la mítica Habana, baila casino en solitario, privado de la música, en medio del silencio abismal. Pero sin embargo baila, sin voces, sin estridencias, baila prolongando el gesto de su perseverancia, de su lucha de identidad, en fin, de su resistencia.

* Este texto fue publicado originalmente en el diario electrónico Encuentro en la Red el 7/06/2006 bajo el título “Un grito de resistencia”. Accesible online: https://www.cubaencuentro.com/cultura/articulos/un-grito-de-resistencia-18818/(page)/3