2007_Iñigo Manglano

Chapotear en los charcos de lluvia.

 

You don’t need a weatherman

to know which way the wind blows.

Bob Dylan

Iñigo Manglano-Ovalle es de esos artistas que siempre sorprende, pero de un modo sereno, sin los aspavientos ni la espectacularidad que traducen los lenguajes directos, punzantes. Habituado a la construcción de sutiles metáforas que escarban en las tradiciones del pensamiento occidental, y en un mal entendido “humanismo”, este artista se apropia de  herramientas gnoseológicas  provenientes de los campos más diversos para poner en escena las sospechas sociológicas que le llevan a analizar las prácticas políticas y las predisposiciones de los poderes en los contextos discursivos contemporáneos.

Always After (Galería Soledad Lorenzo, Madrid, 11 de enero – 17 de febrero / 2007), su más reciente exposición en España, se convierte en un laberinto de juegos intertextuales que remiten a diferentes escenas y acontecimientos de carácter subversivo, donde emerge una percepción del espacio público como locus  para la representación de las voluntades transgresoras y el extrañamiento que las mismas provocan al ser manipuladas  a través de los mecanismos mediáticos de narración y socialización. Las abismales distancias epistemológicas entre el acontecimiento y su crónica, los saltos hermenéuticos entre la “palabra” y la “cosa”, entrañan en los tiempos que corren el peligro de la intolerancia y una infundada paranoia colectiva. Conformarse con las migajas de información que distribuyen los poderes administradores del “saber”, es tal vez una de las posturas menos éticas que asumimos como autómatas cotidianos los ciudadanos de hoy, bajo el pretexto eterno de una precariedad temporal que nunca resolvemos, y que tal vez poco importa solucionar por ser parte inherente de nuestras conductas normalizadas.

Con una economía de recursos en la representación, desplegada en formas escultóricas e imágenes que evitan lo anecdótico, Manglano-Ovalle orquesta dentro de la galería la melodía en crescendo de una llamada de atención. Una advertencia que nos indica que siempre hemos estado -y seguimos estando- a destiempo de comprender la apariencia radical de algunos hechos, y la incapacidad habitual para rebasar la fugacidad de la historia e investigar el discurso cultural que se esconde tras esa apariencia. La historicidad en ritornello de movimientos y acciones extremas por su configuración violenta, y la imposibilidad de su prevención debido a la incomprensión del pasado; así como el anárquico proceder del azar, confluyen en una metáfora climatológica sobre los escenarios políticos actuales. Obras como Bulletproof Umbrella; You don’t need a Weatherman; o 18 West 11 Street, March 6, 1970, devienen una madeja de referencias a actores sociales y hechos que han marcado hitos dentro de prácticas de naturaleza contracultural  de diversa índole, cuya morfología antisistema incluso puede confundirse dentro del imaginario común de lo subversivo.

Siempre llegamos tarde al lugar de los hechos, apenas somos salpicados por los residuos de unos datos y una “realidad” que consumimos a través de la ficción de otros. Quedamos en la trastienda, en el camerino, reacios a protagonizar una historia que determinan otros. A nosotros nos quedan los restos, y una memoria tergiversada por la narración caótica de lo que fue “realidad”. Vuelve a llover sobre mojado, el viento azotará amenazador de manera imprevisible, y nosotros seguiremos varados a kilómetros del acontecimiento.

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