2010_Hans Peter Feldmann

Una exposición de arte

…Yo lo que quiero es ser normal, completamente normal. Lo que yo hago es el arte que hace la gente en su casa.

Hans-Peter Feldmann.

En una exposición de Hans-Peter Feldmann la complicidad con un eterno desacralizador obliga al desacato. En vez de seguir un orden preestablecido, podríamos comenzar el itinerario por el final, frente al cartel que dice “THANK YOU” en señal de despedida, asomarnos a la instalación que tras una mampara deja ver una cama deshecha. La veladora le advertirá que no puede entrar al espacio acotado detrás del biombo, tiene que observar desde una esquina. No podía ser de otra forma, en Una exposición de arte dentro del templo museal, la norma y el ritual están para ser cumplidos. Desde ese gesto que reivindica el aura de la “obra de arte”, intuimos el irónico trayecto que nos espera: cada uno de los axiomas sobre los que se ha construido el sistema de funciones y valores consolidado por la Institución Arte, es puesto en precario por el viaje comisariado por Helena Tatay al imaginario libertino del apócrifo Feldmann.

Toda clase de mitología cabe en las fauces de este caníbal que devora referentes provenientes de la historia del arte occidental, de la cultura popular y de la cultura de masas, interpretados por la imaginería kitsch de estatuas de escayola policromada de jardín, postales y fotografías turísticas de la Torre Eiffel y de puestas de sol; fotocopias de carteles con imágenes de cisnes, gatos, parejas de enamorados; fotos coloreadas de niños con mascotas; flores artificiales, objetos del deseo en la religión del consumo, zapatos y cosas de la más variopinta procedencia que se acumulan y repiten en una orgía seriada y fetichista. El proceder de Feldmann ante lo que parece experimentar como “arte”, que irremisiblemente coincide con la vida cotidiana y no se aparta del ademán común del que colecciona algo que le atrae o del que toma instantáneas por el placer de mirar el mundo a través de la lente, redunda en un debate sobre la posición de lo amateur en relación con el régimen del arte y pone el dedo en la llaga de la hegemonía del mercado.

Este paneo por la producción de Feldmann incluye algunas obsesiones y pulsiones recurrentes en torno a la representación del tiempo, jugando con los límites del medio fotográfico en las 36 tomas de un carrete hechas desde el mismo encuadre a un escenario en diferentes momentos del día en sus Time Series. El conocimiento de la realidad a través de sus imágenes, así como el valor canónico de la copia frente al original y el simulacro expandido acentuado por la circulación deslocalizada y masiva de las imágenes en la presente situación global. Sarcásticas reflexiones compartidas cuando el “artista” retrata el peso de una libra de fresas y “mejora” la composición del paisaje original introduciendo en la escena un jarrón con flores; o líricamente construidas en esa suerte de alegoría de la caverna en la que nos sumergimos en la interpretación del mundo a través de la apariencia de las sombras proyectadas sobre la pared en la instalación Shadow Play. Experiencia y percepción devienen claves en la poética existencial de Feldmann, ya sea en el archivo de representaciones de un acontecimiento histórico o haciendo un retrato individual-colectivo del tiempo vital en las instalaciones 9/12 y 100 Years, respectivamente.

El hilarante Feldmann regresa al museo como aquel que retorna a la caverna, trata de sacarnos de éste y se expone al escarnio, a la muerte simbólica del hombre-artista. Dentro del recinto sagrado la batalla ha comenzado.

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