2016_Gertrudis Rivalta

Gertrudis Rivalta: Un proyecto pictórico para decolonizar las imágenes

La propuesta estética de la artista cubana Gertrudis Rivalta se ubica en las intersecciones entre género y raza para interpelar la construcción de los imaginarios sobre el cuerpo de un sujeto subalterno femenino racializado en el contexto postcolonial caribeño.

Gertrudis Rivalta. De la serie Mujeres/Muchacha: Soy Cuba, 2011, pastel y óleo sobre lienzo, 198 x 160 cm. Imagen cortesía de la artista

La obra de Gertrudis Rivalta emergió en un paisaje creativo definido como “Nuevo Arte Cubano” para describir el posicionamiento conceptual y las estrategias estéticas posmodernas de varias generaciones formadas en el sistema de enseñanza artístico revolucionario. En ese panorama de profunda crisis económica en el país y cambios geopolíticos al fin de la Guerra Fría y la caída del campo socialista en Europa del Este, algunos discursos comprometidos con la realidad local se articularon como reescrituras de la historia y los relatos oficiales de la nación. La propuesta de Rivalta aparece como una investigación sobre las formas de representación del cuerpo femenino afrodescendiente en las producciones visuales e intelectuales a través de distintos momentos históricos permeados por la colonialidad epistémica.

Gertrudis Rivalta. De la serie Un paseo con Walker Evans: Dandy dangeroso, 1996, carboncillo sobre lienzo, 198 x 160 cm. Imagen cortesía de la artista

La agencia política en el trabajo de Gertrudis Rivalta, denuncia las expresiones instituidas de racismo que hasta hoy circulan peligrosamente en una sociedad en proceso de transición. La práctica de esta artista, cuyos discursos se inscriben en el cuestionamiento a las políticas de la diferencia, insiste en el examen de las estrategias de construcción de esas imágenes subalternas del cuerpo femenino afrodescendiente a través de la mirada colonial de un otro masculino, blanco, varón, heterosexual. Su obra se dio  conocer a mediados de los años noventa con piezas donde se apropiaba de emblemáticas fotografías de La Habana, tomadas por el norteamericano Walker Evans en 1933. En aquella serie en tonos sepia, que aludía a una persistencia en el tiempo de la ideología colonial y de una percepción racializada de la realidad, el documento fotográfico original era ficcionado. La artista intentaba simular en el lienzo un espacio narrativo que trascendiera el impresionismo primario de la visión de Evans, poniendo en cuestión, a través de escenas pictóricas alternativas, la genealogía de una producción de imágenes de la alteridad que se remonta a los libros de viajeros europeos, la fotografía, el grabado y la pintura coloniales.

Encontramos en la obra de Gertrudis un procedimiento recurrente que podríamos denominar “fotográfico-pictórico”, que le conduce a interactuar con archivos de distinta índole y álbumes de fotos familiares, en busca de imágenes y recuerdos con los que establecer una relación deconstructiva. Aquí, el debate racial aborda una configuración de género donde el mestizaje se identifica con la violencia que ha dado lugar a la construcción de la figura de la mulata en el Caribe. Objeto exótico y de deseo de la mirada masculina y la apetencia colonial, quizás es en ella donde la sexualidad adquiere el signo imborrable de procesos múltiples de subalternización: mujer, mestiza, latina… La pertinencia de una obra como la de Rivalta, que juega a posicionarse en la órbita de la mirada masculina y del extranjero al apropiarse de las fotografías de Walker Evans, resultaba evidente en los años noventa, bajo las dinámicas neocolonizadoras que se establecieron con la apertura de la Isla hacia Occidente y con las medidas económicas instauradas, que conllevaron la emergencia progresiva del turismo sexual. Es en esas circunstancias donde la memoria del sometimiento, la violación y vulnerabilidad del cuerpo de la mujer mestiza, de la mulata, se manifiesta como síntoma del trauma de la diáspora africana.

Gertrudis Rivalta. De la serie Fnimaniev: Quinceañera con Kremlin, 2003, carboncillo y óleo sobre lienzo, 198 x 160 cm. Imagen cortesía de la artista

La fotografía es el prototexto que manipula esta creadora en su pintura, para revisar su propia biografía o los relatos nacionales donde el mestizaje se articula a través de políticas de invisibilización y blanqueamiento que se ejercen de manera especialmente perversa sobre el cuerpo femenino. Apropiándose de esos documentos fotográficos, Rivalta reinterpreta la historia familiar en retratos de gran formato que despoja de cualquier elemento aleatorio, representa una galería de imágenes donde los cuerpos coexisten en su interracialidad. Otras veces, son las portadas y las páginas de revistas como Mujeres o Muchacha, medios de propaganda de la revolución cubana, donde Gertrudis encuentra imágenes de cuerpos femeninos sometidos al ejercicio totalitario del régimen y a una prédica de la igualdad que por defecto anulaba la subjetividad etno-racial. Consejos de belleza, modas y rituales domésticos importados, eran distribuidos como herramientas para el cuidado de un modelo de mujer cubana donde no se reconocía la pluralidad de sexualidades, cuerpos y subjetividades etno-raciales que habitan el paisaje de la nación. Estos ideales de una fémina revolucionaria puestos en circulación, poco diferían, paradójicamente, de los imaginarios del pasado colonial y de la publicidad en una Cuba moderna y capitalista bajo injerencia estadounidense antes de 1959. Quizás, por eso el retrato de la hermana de la artista en Quinceañera con Kremlin, hace explícita esa diacronía de tiempos y paradigmas históricos donde conviven prácticas decadentes de la burguesía republicana con los esquemas del socialismo. En Soy Cuba, la nación se transmuta en un cuerpo desnudo de mujer, que se protege con sus manos de los repetidos ejercicios del poder patriarcal, mientras los fragmentos de escenas tatuadas sobre la piel dan cuenta de las historias de violencia que establecen disrupciones y fisuras en el relato nacional. Invisibilidades y silencios a reparar en estas otras narrativas con las que Gertrudis Rivalta inserta el cuerpo femenino afrodescendiente en un proyecto de descolonización de las imágenes.

Gertrudis Rivalta. De la serie Mujeres/Muchacha: Mujer con flores y fusil, 2010, pastel y óleo sobre lienzo, 198 x 160 cm. Imagen cortesía de la artista