2004_Libro Imágenes del desvío

Un libro, una historia prohibida

Salvo escasos y elocuentes ejemplos, la literatura crítica cubana carece de un instrumental metodológico y de referentes analíticos certeros que posibiliten compendiar los trayectos de las representaciones homoeróticas. Por ello la consumación editorial de un proyecto de investigación del crítico de arte Andrés Isaac Santana (Matanzas, Cuba, 1973) en el libro Imágenes del desvío: La voz homoerótica en el arte cubano contemporáneo (J.C.SAEZ Ed., Chile, 2004), se convierte en un suceso importante para la renovación de los discursos sobre el arte cubano.

El volumen -prologado por el también crítico de arte cubano Rufo Caballero-, se inicia con un periplo analítico que debate los recorridos terminológicos y pone a discusión los modos históricos de enunciación del objeto de estudio del ensayo. Por supuesto, ello conduce a la puesta en precario de ciertas zonas dogmáticas de la crítica de arte en Cuba, y de la postura institucional frente al diapasón de construcciones visuales que en el arte cubano contemporáneo se refieren a la voz homoerótica, y cuyas disposiciones se reflejan en el texto de Andrés Isaac Santana al aportar datos sobre ejemplos concretos donde el poder del campo artístico en Cuba ejecuta sus mecanismos de control e instaura sus marcas punitivas en la censura de obras, exposiciones y proyectos editoriales relacionados con el tema en cuestión.

Los pasajes más inquietantes y valiosos del texto, se hayan justo en aquellos momentos en los que el autor despliega el ejercicio crítico in strictu sensu, para desarrollar análisis e interpretaciones que aluden a la construcción de sentido en la obra de relevantes artistas cubanos como Servando Cabrera, Raúl Martínez, Rocío García, René Peña y Eduardo Hernández, entre otros muchos. En esos casos resultan sugerentes las relecturas que sobre esos referentes se realizan, para deconstruir las narraciones historicistas según las cuales la historiografía artística oficial ha reconocido la existencia de algunas poéticas creativas en las últimas décadas cubanas.

Los recursos investigativos y escriturales de Santana dan fe del cambio que se está operando en la joven crítica de arte en Cuba, como resultado del trabajo y el consumo paulatino y serio de textos provenientes del campo de la teoría culturológica contemporánea, que dotan a los investigadores de metodologías dinámicas e interdisciplinares de acercamiento a sus objetos de estudio específicos.

Tesis medulares de Jacques Lacan, Jean Baudrillard, y otros teóricos imprescindibles dentro del panorama del pensamiento contemporáneo y el giro epistemológico, son tomadas de pretexto por el estudioso para crear una taxonomía desde la cual explicar regularidades en las representaciones homoeróticas, y que hábil e ingeniosamente detecta en los juegos especulares en los que se involucra el sujeto creador para sondear los discursos de la diferencia y cuestionar el propio estatuto representacional de la obra de arte como emblema moderno del saber; así como en la disección del sentido de una simbología fálica recurrente en la plástica. 

Santana desarrolla un ejercicio escritural donde el vuelo literario posibilita la lectura serena de un texto denso desde su estructura y contenido, y en el cual la creación de metáforas harto sugerentes contribuye a propiciar un paseo atento, pero disfrutable, por algunos de los paisajes más controvertidos e interesantes del arte cubano contemporáneo, que aluden a la vocación reescritural y libertina de los creadores frente al proyecto teleológico de la nación.

No se trata de un libro que se limita a enunciar las complejidades de una realidad artística que se sigue consumiendo oficialmente desde la mirada sospechosa sobre lo marginal que encarna cualquier status de la alteridad. El ensayo describe y problematiza los recodos de una sociedad donde el modelo hegemónico falocéntrico impuesto desde hace siglos, subsiste no sólo en los imaginarios de la censura oficial, sino como parte de los tópicos y los estereotipos de la conciencia popular, formalizada sobre la base de un machismo y un enclaustramiento de lo masculino.

La construcción de la nación cubana se ha sedimentado sobre el prístino hecho de la dominación colonial en tanto metáfora de una posesión carnal y sexual consumada en las plantaciones coloniales. Allí donde el blanco copuló con la negra, sometiéndola a la fuerza, brotó el signo del mestizaje como índice transcutural de una sociedad; en un espacio donde la negra sedujo al blanco a tenor de la inversión dialógica de las canónicas relaciones de poder, surgió el sentido de una resistencia ontológica como defensa de patrimonios cuturales y conductas que persisten en casi todo el Caribe. En cualquier caso, ya el predominio fálico mediaría en el conjunto de relaciones normativas de la cultura cubana, vinculada desde entonces a la herencia machista del Occidente moderno.

Luego, las sucesivas representaciones historicistas de acciones de rebeldía, colocarían al hombre como sujeto protagonista de actos de reconquista, donde un ideal vinculado a la fuerza varonil  conduciría los designios del proyecto revolucionario que lograría un cambio social práctico. No obstante, esa misma constitución de la norma hetero como axiología dominante en una nación donde el modelo de “hombre nuevo” se asociaría a conductas bravas, aguerridas y hasta cierto punto violentas,  marcaría la impronta de una sociedad abiertamente discriminatoria frente a las múltiples voces de la alteridad, y especialmente configuradora de discursos homofóbicos.

Parecería que justo en la década de los noventa –bien tarde si se piensa en la historia reciente de Occidente- se verifican en la Isla ciertos cambios dentro de la epistemología oficial y popular en torno a los repertorios de la marginación; mas dar credibilidad efectiva a tales mutaciones crearía una imagen falaz de una sociedad donde siguen siendo norma las manifestaciones abiertas y para nada disimuladas de homofobia.

Ya a mediados de los noventa se consolida un plural imaginario de representaciones que tanto en las artes visuales como en la literatura, la danza, el teatro y en menor grado en la música, otorgan preeminencia a las voces y discursos emergentes de las denominadas “subjetividades laterales”, y especialmente de una conciencia homosexual.

En medio de esa constante marea de convencionalismos y reducciones de género, Imágenes del desvío: La voz homoerótica en el arte cubano contemporáneo, la reciente entrega editorial de Andrés Isaac Santana, es sin lugar a dudas -como lúcidamente expresara al final de su prólogo Rufo Caballero: “Una suerte de sanidad en un mundo de perdición; una suerte de terquedad en un mundo de exterminio”. Es un ensayo para aquellos que busquen en la escritura crítica una narración que rete al pensamiento a la deconstrucción, y una prosa en nada complaciente con facilismos intelectuales.

*Este texto fue publicado originalmente en el diario electrónico Encuentro en la Red el 3/12/2004 bajo el título “Subvertir el modelo falocéntrico”.